Gigantes: mito, leyenda o realidad

Artículos, investigaciones y conversaciones sobre arqueología e historia.

LA TEORÍA DE LAS CUATRO LUNAS

UNREAD_POSTpor Jose Vergara » 30 Abr 2009, 12:18

LA TEORÍA DE LAS CUATRO LUNAS

AUTOR: Jesús H. Antelo
FUENTE: Gigantes: mito, leyenda o realidad

A comienzos del siglo pasado, después de salir a la luz más interrogantes en forma de fósiles, hombres de ciencia como Hans Herbigger, en un intento por desvelar las enigmáticas pruebas que el remoto pasado nos iba arrojando, dejando asomar los cuerpos ya petrificados de animales "imposibles" con formas y tamaños más propios de la imaginación de un demente que de seres de carne y hueso que hubiesen caminado alguna vez por la tierra, este hombre, haciendo uso de los escasos conocimientos y avances de la época y con la ayuda de su imaginación, propuso en una teoría (conocida como la de las cuatro lunas), una explicación que no llegó a convencer a sus camaradas científicos contemporáneos.

Ahora, más de 75 años después de su publicación, se reconocen determinados hechos que Herbigger planteó en su momento y que fueron rechazados o ignorados sin más. La ciencia, hoy día, es capaz de "entender" mejor ciertos aspectos de esta singular teoría que hace 80 años. Por su carácter " romántico" y de "cruzado" que me inspira este divulgador creo que bien merece la pena que sus opiniones sean recogidas en este rincón. Y, a groso modo, el contenido de esta teoría sería como sigue:

"A lo largo de toda la Historia del planeta Tierra, ésta ha contado hasta con cuatro satélites, siendo la Luna que hoy conocemos la última de ellas. De forma que la Tierra ha pasado periódos de tiempo sin contar con la compañía de satélite alguno. La Tierra conforme iba perdiendo su satélite esperaba captar con su fuerza de gravedad otro que lo sustituiría más adelante. El proceso sería el siguiente, captura de un satélite que orbitaría el planeta describiendo una trayectoria espiral hasta que las fuerzas de atracción y repulsión hiciesen que la luna se precipitase sobre la tierra, explotase en el espacio o se alejase para siempre perdiendose en la inmesidad del cosmos. Más adelante, las mismas fuerzas de atracción terrestre se encargarían de capturar en su orbita otro satélite que daría comienzo a otro nuevo ciclo.

Hans Herbigger atribuye a las cuatro Eras que van desde el Cámbrico hasta el Cuaternario una luna diferente para cada una. Principalmente, la existencia o no de un satélite, su tamaño y la distancia a la que se encontrasen en un momento dado estas lunas podían interacturar en las formas de vida existentes en ese momento en la Tierra. De manera que la fuerza de gravedad en la Tierra se vería considerablemente alterada afectando incluso al tamaño que los seres vivos pudiesen alcanzar debido al peso que éstos deben de soportar. En la Era Primaria son los gigantescos vegetales y enormes insectos los que hacen aparición. Al final de la Segunda Era aparecen los campeones en altura, Diplodocus, Iguanodontes, etc... que llegan a alcanzar hasta 30 metros de altura. En este punto podemos citar un dato curioso que si bien no dá por sentado que la teoría sea correcta sí que le confiere un alto grado de acierto cuando afirma que la gravedad tenía que ser diferente en aquellos tiempos; y es que según los cálculos realizados por físicos, se ha llegado a la conclusión de que las aves prehistóricas como el pterosaurio no podrían levantar el vuelo con una gravedad como la actual, que es de aproximadamente de 9,8 m/s2. Según esta teoría o bien la distancia del satélite tendría que ser por fuerza mucho mayor o el tamaño de ésta considerablemente menor...

La existencia del satélite y sus características de tamaño y cercanía, según esta teoría, determinaría a su vez la altura de los mares siendo la responsable de graves inundaciones y bruscos descensos en el nivel de los océanos. Testigos mudos de estos cambios son ciudades como Tiahuanaco, localizada hoy a más de 4000 metros de altura sobre el nivel del mar y que posee un gran puerto con varios muelles enormes para el atraque de naves,¿ cuanto tiempo atrás tendríamos que remontarnos para situar el nivel del mar a esa altura?, ¿a qué fenómeno achacar ese aumento y descenso del nivel general de las aguas, deshielos, catástrofes capaces de elevar miles de metros el terreno, cambios en la órbita lunar...?. Cualquiera que fuese su causa apunta muy lejos en el tiempo...

Por último, Herbigger, sitúa la aparición de hombres de gran talla, gigantes, en la Era Terciaria, asociándolos a los gigantes que aparecen en los escritos que forman parte de las tradiciones judías y musulmanas. Un poco antes de los umbrales de la Cuarta Era situa la aparición de las razas que darían aparición al hombre contemporáneo, defendiendo la hipóteis de la convivencia, el intercambio de culturas y también las luchas entre ambos. Entre la aparición de unos y otros apunta la posibilidad de la existencia de otras razas intermedias, responsabilizando del auge y declive de todas ellas a la desaparición de la tercera y la aparición de la cuarta y última luna, por lo menos hasta el momento..."
Avatar de Usuario
Jose Vergara
Administrador del Sitio
 
Mensajes: 1042
Registrado: 26 Feb 2008, 00:50

HIPOLITO UNANUE, ESTUDIOSO DE LOS GIGANTES

UNREAD_POSTpor Jose Vergara » 30 Abr 2009, 12:20

HIPOLITO UNANUE, ESTUDIOSO DE LOS GIGANTES

AUTOR: Jesús H. Antelo
FUENTE: Gigantes: mito, leyenda o realidad

libro.gif
libro.gif (5.09 KiB) Visto 5950 veces


Por el profesor Sandro Patrucco

"Hoy lo llamaríamos un hombre polifacético. Humanista y científico peruano de vocación universal, abierto a los progresos de la ciencia. Había nacido en Arica el 13 de agosto de 1755. Estudió teología y luego medicina. Como poseía un notable talento, destacó en los estudios de matemáticas, física y anatomía. Fundó el Anriteatro Anatómico en 1792 y dirigió el Colegio de San Fernando, precursor de la Facultad de Medicina de la Universidad de San Marcos. Participó en los debates de la Sociedad Amantes del País, editora de la revista Mercurio Peruano, en la que colaboró con el seudónimo de "Aristio". En la época independiente fue el primer ministro de Hacienda del general San Martín. El Congreso Constituyente de 1823 lo declaró Benemérito de la Patria en grado eminente."

Corrían los tibios días de abril de 1792, cuando al doblar el último folio de papel periódico titulado Mercurio Peruano, los suscriptores de la entrega 135, pudieron leer una corta noticia procedente de Nueva Granada, en la que se mencionaba que:

"El excmp. Señor Virrey de este Reyno remite a S.M. un mozo Socarreño llamado Pedro Cano, de 21 de edad, que hasta los quince fue creciendo regularmente, y desde esa época he echado un cuerpo gigantescode siete pies, cinco pulgadas, tres y media líneas Españolas; todavía no se ha calzado por falta de medias, que es menester hacerlas al propósito; pero pero se le hen hecho ya los zapatos que tienen cerca de media vara."

La nota terminaba señalando que el Mercurio daba "con gusto esta noticia, como que podrá servir de preliminar a la Disertación que pensamos dar sobre la proceridad de los americanos". Hoy esta acotación aparentemente intrascendente, puede revelarnos un interesante trasfondo como más adelante veremos. Los lectores de tan llamativa noticia quedaron cautivados pues los gigantes habían alilmentado la imaginación de los americanos y europeos. Este tipo de informaciones siempre encontraron un público interesado que se hacía oídos de las leyendas indígenas, las evidencias de los restos de la paleofauna americana y las obras portentosas de los antiguos habitantes andinos. Cada descubrimiento suscitaba la esperanza de comprobar la esquiva existencia de estos seres. Tanto más rara como excitante resultaría entonces la aparición de un gigante vivo y tangible. Estos seres de desmesurado tamaño, cuya estatura atribuimos hoy a desórdenesde origen hormonal, no eran desconocidos en la época. Un siglo y medio antes de la información del Mercurio Peruano ya se habían encontrado individuos de características similares. El polifacético Antonio de León Pinelo relataba la existencia de un muchacho llamado Juan Núñez, que el Conde de Chinchón, virrey del Perú quiso enviar a España para ser estudiado por los especialistas. Pinelo refiere que en 1635 se "imbiaba a S.M. Un Mancebo de diez y ocho años hijo de un español y una india por su notable estatura; de que sólo llegó el retrato que como cosa admirable se guardó en Palacio, porque el hombre murio en Lima" (León Pinelo 1943: t I, p 209). El cronista Antonio de la Calancha añadía que el mencionado Juan Núñez, había sido traido de Hamanga en 1630 y "tenía más de media vara de pie, y aora murió en Pizco" (Calancha, 1976 (1636): t II c XI, 844).



El interés que despertó el descubrimiento del desproporcionado Pedro Cano en Bogotá y del que se hace eco el Mercurio, se vio reforzado por el hallazgo de otro gigante. A los pocos días del mismo otoño de 1792 fue publicado un informe sobre la existencia de un caso similar. El autor de la nueva nota, era nada menos que el culto Aristio, seudónimo bajo el que se escondía el naturalista Hipólito Unanue. En la edición del 29 de abril del Mercurio Peruano (1792: t IV, núm. 138, p 293 y ss) podía encontrarse "La descripción del Gigante que acababa de ser conducido a esta ciudad de la de Ica". Aristo, comentaba lo siguiente:

"habitando nosotros ersta parte del globo, poblada en otros siglos de gigantes... parecería oportuno que... exercitásemos nuestra pluma en la resolución del problema sobre su existencia. Pero como la materia... no puede tratarse sin un crecido número de nuevos monumentos, sbre los que puedan adelantarse las reflexiones y las conjeturas que necesitan algún tiempo de incubación, por no defraudar al público del placer de lo maravilloso, le adelantamos al número 135 la noticia de Pedro Cano, y por la misma razón vamos a describirle en el presente a Basilio Huaylas de enorme corporatura...".

De esta manera al neogranadino Pedro Cano se sumaba el indio Huaylas que era natural de Castro-Virreyna. El nuevo gigante tenía 24 años de edad, y fue traído a Lima por algún empresario que pretendía comerciar con la curiosidad de los moradores de esta ciudad, presentándolo en la Plaza de Acho. Las actuaciones del enorme indio debieron tener gran éxito pues hasta se le pintó un retrato. La biografía de este singular habitanteandino sería recogida osteriormente por el bibliófilo Manuel de Mendiburu, quien en su Diccionario Histórico-Biográfico del Perú comentaba:"... no sabemos el fin que tuvo este hombre notable, que en sus alimentos no excedían a los demás. Varias veces representó en el teatro el papel de giagnte Galafre en la Comedia la Puente Mantible..." (1937: t VI, 278).

Por algún azar del destino una copia de su retrato, fechado en 1815, llegó al Kirby´s Wonderful Museum, inspirado en la pintura original en donde aparecía acompañado de un arpista, de modo que era posible tener una idea comparativa de su extraordinaria estatura (Wood 1868: 194).

Al margen de ka aécdota, la curiosa historia de Basilio Huaylas creó un clima de cierto sensacionalismo que llevó a Aristio, es decir a Hipólito Unanue, a informar de la presentación del gigante en la plaza de toros el primer día del mes de mayo. Pero no contento con ello se permitió realizar un exhaustivo estudio de aquel suceso clínico.

Los hallazgos de presuntos gigantes fueron moneda corriente desde los primeros momentos del descubrimiento. Los conquistadores eran herederos de una variada tradición cultural. Algunos, los más instruidos, no eran ajenos a las lecturas de los clásicos y la patrística. Otros, casi la mayoría, preferían las novelas de caballería, los relatos de tradiciones populares y estaban sumergidos en un mundo de fantasías y temores medievales. Gigantes insulares, crecidos patagones, osamentas calcinadas de los nefandos gigantes de la Punta de Elena, y abundantes y desmesurasdos huesos dispersos por el continente, conmocionaron a los cronistas y autores del seiscientos, haciendolos volver una y mil veces sobre este transitado tema.

Durante la centuria del setecientos, el tema de los gigantes fue abordado de manera distinta. La historiografía y la bibliografía barroca, prefirieron enfretar el estudio de llos descomunales seres sustentándose en comentarios de informantes cercanos testigos, contrasstándolos con abundantes citas de autores clásicos, cada vez más rebuscados y eruditos. A pesar de algunos esfuerzos interesantes de tratadístas que dedicaron libros enteros a temática tan controvertida, los gigantes parecían condenados al olvido. Incluso las antiguas colecciones de curiosidades fueron perdiendo interés, dejando paso a los gabinetes de historia natural. Los cuernos de unicornios se transformaron en dientes de narvales, las sirenas en manatíes, y los huesos de gigantes en esqueletos de animales prehistóricos: la mítica existencia de los gigantes -carente de evidencias físicas- empezaba a desvanecerse.

No obstante, la aparición de la ciencia moderna no hizo decaer la atención por los gigantes y más bien daría un nuevo auge a estos seres mitológicos. Científicos y expertos naturalistas como Buffon o De Pauw tratarían de organizar el conocimiento del mundo natural. América les parecía sorprendente pero también un continente joven, demasiado mutable e inferior. Para demostrarlo recurrienron a forzadas categorizaciones, sugiriendo por ejemplo que los seres americanos eran de menores proporciones y a la vez sumamente inestables. Los postulados de Buffon serían resumidos por el propio Unane unos años más tarde en "Clima de Lima" (1806) de manera sintética:

"El sabio Conde Buffon estableció las cuatro proposiciones siguientes: 1ª, los animales que son comunes al antiguo y nuevo continente son más corpulentos en el primero que en el segundo; 2ª, los animales indígenas del nuevo hemisferio son menores que los aborígenes del antiguo; 3ª las especies de animales domésticos trasplantados de la Europa, han degenerado en América; 4ª esta parte de la tierra ofrece pocas familias que le sean peculiares" (Unane 1974, t 1, v 8, p 87).

Tales argumentos generaron como es lógico suponer una tremenda polémica y la animaversión de muchos estudiosos, promoviendo que la mayoría de los americanos y no pocos europeos impugnaran sus teorías. Las cartas, las comunicaciones científicas y los memoriales de los americanos se sucedieron, tratando de probar la veracidad de la existencia de los gigantes indianos como respuesta definitiva y contundente a los prejuiciosos argumentos de los naturalistas eurocéntricos. En esta confrontación los antiguos esqueletos, los restos de Santa Elena y los esquivos patagones se erigieron en pruebas incontrastables no sólo de la igualdad, sino de la supremacía de la naturaleza americana. Los detalles de esta larga discusión han sido ampliamente tratados por Antonello Gerbi en su obra "La disputa del Mundo Nuevo" (1982). Esta misma polémica sería el telón de fondo, y una de las motivaciones que llevaron a los redactores del Mercurio Peruano a comentar la noticia de la aparición del gigante Pedro Cano como una inocultable satisfación. No es casual que señalaran que el descubrimiento "podrá servir de preliminar a la Disertación que pensamos dar sobre la proceridad de los americanos", pues los mercuristas se enfrentaban a las posiciones de De Pauw y Buffon y pretendían desmentirlos con sus hallazgos. Lamentablemente este debate nunca llegó a consumarse debido a la extinción del Mercurio Peruano, y únicamente las anotaciones de Aristio abordaron el asunto.

Pero regresemos a las reflexiones de Unane. El médico peruano centró su árticulo en la descripción del cuadro clínico que Basilio Huaylas presentaba:

"Tiene de largo 7 pies castellanos, 2 pulgadas y algunas líneas. La distribución de sus miembros no está proporcionada. De la cintura para arriba son monstruosos. Tiene una tercia de cara, cinco sesmas de ancho de la espalda, y tan largos los brazos que, estando de pie derecho, las puntas de los dedos de las manos tocan las rodillas. De la cintura para abajo, se halla un poco desmedrado. La pierna derecha tiene una pulgada menos de longitud que la izquierda. Cuenta que en su niñez sufrió un golpe en la primera, y que de allí le proviene este defecto... No obstante lo delgado de sus piernas, sus pies pueden apostar con los de Pedro Cano. El peso total de su cuerpo es de 14,5 arrobas".

Luego de una descripción tan objetiva, concluyó el examen ocupándose de la alimentación de Huaylas. Por entonces, la gente creía que los frutos de la tierra no podrían abastecer una nación de gigantes, pues no habría territorio capaz de de mantenerlos satisfechos. Para hombres tan grandes "una manzana sería una guinda, y un melón una manzana". Sin embargo, el gigante peruano no era precisamente un glotón, pues "come regularmente y menos que la mayor parte de la infinidad de golosos que habitan en esta capital". Unanue sin embargo deja traslucir sus prenociones al aseverar que "es indio, y que ésta es la gente más parca del universo, cuando se mantiene a su costa. No sabemos lo que será, si se acostumbra ejecutarlo a la ajena; porque entonces, el indio más pigmeo, suele comer como un gigante".

Pero dejando atrás la simple descripción del fenómeno y las curiosas reflexiones que suscitaba, es interesante el estudio de las anotaciones de Aristio. Ellas nos permiten indagar el conocimiento de un estudioso que estaba a la vanguardia del pensamiento científico de finales del siglo XVIII. Unanue que en 1792 tenía 37 años, se había doctorado eb 1786, y tres años más tarde había ganado por oposición la Cátedra de Anatomía en un célebre debate con el doctor Tafur, que "revistió los contornos de un gran torneo científico por la calidad de los contenedores". Los jurados consideraron "justo premiar con (la cátedra ) las estudiosas tareas con que tan distinguido maestro ha acreditado su más fino e ilustrado talento" (Lastres, 1951, 46).

Pero además el nóvel catedrático se mantenía al tanto de las últimas obras europeas en temas científicos y médicos, imbuyéndose en los pricipios de la ilustración y participando en diversas tertulias filosóficas de la capital. Destacaba sobre todo la que se reunía en casa de Don José María Egaña, donde se comentaban y discutían las últimas novedades. Los tópicos curiosos no faltaban en estas discusiones ilustradas como se evidencia por otra colaboración presentada por Unanue en un número anterior al Mercurio, titulada "Descripción de un ternero bicípite seguida de algunas reflexiones sobre los monstruos" (1792: t IV, n 126, p 183). No sólo se trataba de estudiar el mundo físico sino también las deformaciones y monstruosidades que la naturaleza permitía. Unanue contiuaba de este modo los estudios sobre teratologías de Rivilla y Bonet.

No parece extraño que un académico de la talla del futuro prócer, que acostumbraba apoyarse en citas latinas tanto en sus discursos políticos, como en sus observaciones meteorológicas y estudios médicos, hiciera gala de una gran erudición en la temática de los gigantes. Remontándose a la tradición clásica, refería el caso del sobredimendionado emperador Maximino, que según la leyenda necesitaba hacer uso de sus rentas imperiales "para pagar su comida ordinaria que era de 40 libras de carne y 36 azumbres de vino". De esta manera se acogía a la antigua narración latina que aseguraba que sus emperadores Maximino y Joviano habían sido gigantes )Patrucco 1995:21). También mencionaba en el colofón de su artículo al mítico y crecido Tifón, intentando adornar su estudio con cierto sabor literario:

"hijo de Juno, que tocaba con la cabeza el cielo; con la una mano el Oriente y con la otra el Occidente; y de fuerzas tan desmedidas, que para oprimirlo, fue necesario le echasen encima todos los promontorios de Sicilia como lo cantó Ovidio".

Unanue concluía su artículo, incluyendo una traducción del ilustre poeta Ovidio:

"Se esfuerza muchas veces y se anima Por levantarse; mas su diestra mano Todo en Peloro Ausonio tiene encima. Tu, Oh Paquino En izquierda estás ufano. En sus rodillas Lilibea cima Y en su cabeza Etnade Vulcano".

Las citas anteriores se explican dentro de la necesidad de presentar un artículo de sesgo científico a un público amplio pero cultivado. Era menester aportar ciertos visos literarios a los textos científicos, recurriendo a autores de extenso conocimiento público. Por el mismo motivo se pertía acotar el texto con jocosas verbigracias, como la del glotón Albín que participaba en la tarasca disfrazado de gigante y que comía sin descansar "cien melocotones, diez melones, quinientos higos y doce docenas de ostras" durante la celebración de una fiesta.

Retornando a la seriedad y el rigor propios de su estilo académico, prosigue su disertación afirmando que "los gigantes y los enanos son naciones antípodas cuya existencia es todavía un problema para los físicos y naturalistas". Considera que si bien las montañas de Madagascar son habitadas por pequeños quimios, es en la América meridional donde la naturaleza ofrece mayores pruebas sobre la existencia de los gigantes. De este modo Unanue se declaraba partidario de la tesis de la superioridad de la naturaleza de América sobre la europea, y pretendía enfrentar los equívocos de Buffon y De Pauw. En ello coincidía con los esfuerzos contemporáneos de Jefferson, quien desde su embajada en París, emprendía una labor ideológica semejante. El patricio norteamericano estcribió sobre la materia, estableció tablas comparativas donde se demostraba la falacia de las tesis despreciativas y recolectó y transportó desde su nativaVirginia elocuentes restos de gigantes, entre los que no faltaron osamentas de mastodontes y dinoterios.

Aristio en la noticia sobre "El gigante que acababa de ser conducido a esta ciudad", también refería la célebre y difundida leyenda de los gigantes de la Punta de Santa Elena, (situada en tierras al norte del virreinato peruano), lugar en la que habitó "cierta raza de hombres que de rodilla abajo tenían tanta longitud cuanta tiene en todo su cuerpo el hombre de más alta estatura". Esta fábula, mencionada por las más tempranas crónicas y publicitada hasta el cansancio en la literatura posterior, había surgido tras el descubrimiento de los huesos de antiguos animales de grandes proporciones, ennegrecidos por la brea de los cercanos yacimientos. Obviamente los observadores occidentales se basaron en una antigua leyenda indígena que intentaba asociar la aparición de los enigmáticos restos, con la llegada de hombres desconocidos de enorme estatura. Pero los españoles añadieron también lo suyo, dotando a los gigantes de costumbres sodomíticas, por lo que fueron castigados con fulminantes y angélicos rayos de fuego que los calcinaron en el acto (Patrucco, 1992; 113 y ss). Tal vez sea Acosta el cronista que más someramente relata el acontecimiento:

"Hay en el Perú unos gigantes que vivieron en aquellas partes, cuyos huesos se hayan hoy en día de disforme grandeça cerca de Manta en Puerto Viejo y en proporción debían de ser aquellos hombres más que tres (veces) tanto mayores que los indios de agora. Dicen que aquellos gigantes vinieron por mar, y que hicieron guerra a los de la tierra, y que edificaron edificios soberbios, y muestran hoy un pozo hecho de piedras de gran valor. Dicen más: que aquellos hombres, haciendo pecados enormes fueron abrasados y consumidos con fuego que vino del cielo..." (Acosta 1985 (1590):I, XIX, 53).

Unanue no desestimó la antigua narración, pero consideró necesario apoyar la difundida letenda con evidencias palmarias. El descubrimiento de unos gigantescos sepulcros en la zona de Chichas y Tarija, pareció brindarle indicios "que al parecer acreditan aquellas narraciones". Coincidentemente en aquel mismo año, Joseph de Corral y Norro había elevado un "Dictamen... sobre las osamentas de desmedida magnitud que se hallan en la Punta de Santa Elena, jurisdicción del gobernador de Guayaquil". Desconocemos si dicho informe fue consultado por nuestro articulista, aunque pudo haber tenido noticia de los hallazgos ocurridos durante la expedición de Corral y Norro.

Además el académico peruano había organizado un gabinete de historia natural, agenciándose algunos restos óseos entre los que destacaba "una muela de una momia descubierta en Tarija que pesa libra y media". A partir de lamuela infirió que el tamaño final de aquella osamenta constituiría el hallazgo de restos de gigante más importante de su tiempo. Se señalaba que "...por consiguiente, la momia de que se arracncó debía de ser de mucho mucha mayor estatura que el esqueleto desenterrado por Habicot, quien asegura que tenía 25,5 pies de alto". Nicolas Habicot era el autor de la "Gigantosteologie o discours des os d'un geant" (1613) obra en la que estudiaba y elogiaba el descubrimiento de un gigante encontrado en el Delfinado francés, ed 25 pies de largo. Por entonces se creía que tales huesos pertenecían a Teotobocus, el rey de los Cimbrios, contrincante legendario de Mario y Cátulo. Supuestamente había sido encontrado en un sarcófago con las inscripciones de Teotobucus Rex y rodeado por cincuanta medallas con la efigie de Mario.

La publicación de la Gigantosteologie... sería el comienzo de un largo debate que involucró a una serie de físicos y naturalistas franceses de la época de Luis XIII, monarca que acogió los restos y terció en la discusión. Unanue estaba al tanto de esta histórica polémica pues en las notas a su descripción de la estatura de la momia de Tarija, mencionaba también a Riolan, el principal detractor de Habicot, su apologista, acusándoles de falsificadores. Parecía de mucha osadía atribuir los restos a un personaje legendario. Riolan asumió que estas "piedras oseas o juegos de la naturaleza" eran meras formaciones calcáreas por medio de las cuales, se pensaba, la naturaleza se burlaba del hombre dándole forma de seres u objetos conocidos. Abundando en la materia, Riolan publicó más tarde la "Antigigantosteologie " (1618), con la cual cerró el célebre cíclo de dsicusiones luego de las cuales los huesos de Teotobocus cayeron en el más absoluto descrédito.

Pero si la discusión sobre Teotobocus era historia antigua, Unanue también estaba al tanto de publicaciones más modernas. Al referir en sus anotaciones científicas que la mencionada muela había sido arrancada a la momia encontrada en Tarija y enviada a Madrid por el marqués de Valle Umbroso, añadía "que en la navegación fue hecha presa de los ingleses que la llevaron a Londres". No sin cierta dosis de ingenuidad señalaba que "...si el Mercurio llegase por allá, podrán esos señores hacer cotejo, y ver si es cirto que el gigante pillado le falta la muela referida, dignándose avisarnos por medio de las 'Transacciones filosóficas'".

Las Transacciones filosóficas eran el órgano oficial de la Real Sociedad de Ciencias de Londres que había sido reactivado por Hans Sloan. Lo cual nos demuestra que Unanue y su círculo eran ávidos lectores de sus páginas. No en vano en otra parte del artículo mercurista, Aristio mencionaba a Sloan, tambie´n médico y naturalista, muerto unos años atrás, en 1753. En el "fin de sicle", los descubrimientos en historia natural del inglés todavía tenían vigencia y su célebre y citada colección de antiguedades, libros y piezas paleontológicas constituyó el fondo inicial del Museo Británico.

En el artículo sobre el gigante iqueño, Aristio hace gala de un amplio conocimiento bibliográfico sobre el tema, afirmando que se ha ilustrado con los textos de Jancourt, Buffon, Haller, Torrubia y Dauberton. Estas fuentes nos permiten seguir indagando sobre sus lecturas. Por ejemplo el mencionado Caballero Jancourt fue el redactor de la voz "Geant" en la Enciclopedie de 1757, la famosa obra francesa, en la cual apareció un extenso artículo donde las alusiones mitológicas eran abundantes, pero interpretadas de una manera alegórica y no literal. El espíritu racionalista postulaba que de aquellos relatos se podía deducir el valor, las hazañas y el temor que aquellos personajes habían inspirado pero nada más. También se enumeraban bajo la voz "geant" los principales descubrimientos contemporáneos, pero generalmente se desvirtuaba la validez de ellos, concluyendo que la mitología sobre gigantes era la manera como los pueblos engrandecían a sus héroes. Este argumento lo desarrollaría en "El Clima de Lima" (Patrucco 1995: 135). Sobre Jorge Luis de Leclerc, Conde de Buffon podemos mencionar sus teorías sobre la degeneración americana, pero hay poco que podamos añadir. Tanto su "Historia natural" como la obra de algunos de sus epígonos era ampliamente conocida y comentada en el medio, como lo comprueban las muchas críticas que estas obras produjeron en el nuevo continente.

Albert von Haller era en cambio un riguroso médico y naturalista suizo, que realizó hasta su muerte en 1777, importantísimos hallazgos en el campo de la anatomía y la fisiología. En sus obras "Iconoes Anatomicae" (Gotinga 1750), "Opuscula anatomica minora" (Lausana 1768) y muy especialmente su "Opuscula patalogica" (Lausana 1755) analizaba los comportamientos anómalos del ser humano y debieron ser de gran interés para el ilustrado peruano y su círculo. En su artículo del Mercurio, Unanue se declaraba adláter del renombrado científico diciendo que "por lo común los huesos de las piernas (de los gigantes) no engruesan en proporción; así no pudiendo sostener la grave mole de la caja del cuerpo se encorvan y debilitan...".

Sería muy extenso proseguir la disertación de Unanue, que se dedica a explicar la flacura de los miembros de Basilio Huaylas comparándoloo con otros hallazgos citados por Haller: "por eso según testifica Haller el gigante Macgrat era estevado y flojo y el nuestro no tiene cara de ser valiente". Pero también se toma la libertad de discrepar en algunos puntos de detalle, aunque concordaba con las opiniones de Haller sobre las proporciones de los seres que habitan a diferentes alturas y las locaciones en los que estos hallazgos debían realizarse:

"Como los lugares de la América meridional en que se encuentran todos estos despojos son las tierras llanas y no hay noticias de haberse descubierto en las sierras elevadas y quiebras del Perú, parece que ellos confirman la opinión de Alberto Haller de ser más corpulentos de los que habitan los llanos que los que pueblan los montes".

Unanue se adelantaba dos siglos a la moderna fisiología de la altura, que busca comprender los cambios orgánicos que se producen cuando se vive en las zonas cordilleranas de nuestro país. Su espíritu racionalista lo llevaba también a cubrirse las espaldas de cualquier crítica entorno a la presunta naturaleza no humana de estos seres. Siguiendo a Haller, formulaba las siguientes afirmaciones:

"Pero se dirá que no son despojos de racionales sino de irracionales, no terrestres (porque no hay memoria de que hubiese corpulentos antes de la conquista hecha por los españoles) sino marinos, restos del diluvio universal. Abrazamos desde luego la esta opinión; pero preguntamos ¿por qué no se encuentran en las profundas quebradas de la sierra, en que era más natural se empozasen y pereciesen, al retirarse las aguas?"...

El franciscano español José Torrubia, fallecido en 1768, también era nombrado en el repertorio consultado por Unanue. Este naturalista andaluz publicó el "Aparato para la historia natural española" (1754) y reunió una larga serie de "disertaciones phisicas" sobre estos desmesurados seres, que apareció bajo la forma de opúsculo. De este modo las casi cincuenta páginas del capítulo décimo de su obra , fueron editadas bajo el título de "Gigantología Española" (1754). Torrubia revisaba los textos de cronistas al tiempo que se mantenía informado de las más modernas gacetas científicas del momento. Rebatía al propio Sloan y combatía las teorías de Benito Fejoo y Montenegro, autor del "Teatro crítico universal o dicursos varios en todo género de materias para desengaño de errores comunes" (1740). Tanto Feijoo como Sloan suponían que los huesos americanos no eran humanos sino provenientes de elefantes, a lo que Torrubia respondía que era difícil sostener tal argumento, pues en América abundaban los gigantes y en cambio no se conicían los paquidermos. El franciscano recolectó todas las evidencias posibles sobre la existencia de estos desmesurados habitantes de Indias y se erigió en defensor de la superioridad natural del nuevo orbe y en apologista de su mítica grandeza. Su gigantología española debió circular profusamente en los virreinatos de América y fue lectura obligada de los estudiosos de ciencias. De esta menera ayudó a extender la variada bibliografía sobre los gigantes americanos, recopilando literatura médica de los más renombrados científicos europeos de la época y hasta informes de los médicos de la corte de los Borbón.

Lo que sí parece extraño es que Unanue no mencionara la obra de Rivilla y Bonnet, aunque deja constancia de su conocimiento por una mención hecha en un artículo previo sobre monstruosidades animales. Tal vez un sesgo excesivamente escolástico al abordar a los gigantes, restó interés a dicho tartado de teratología impidiendo que fuera utilizado como fuente de primera mano. No ocurrió lo mismo con las obras de Luis Juan María Dauberton, muerto en 1799, quien trabajaba con Buffon en la "Historia natural". Correspondió al primero realizar la tediosa tarea de las disecciones y descripciones anatómicas de los especímenes. El médico trabajó co tanto ahínco y logro tal celebridad con sus estudios que Buffon pronto lo apartó de las investigaciones, temeroso de que pudiera opacarlo, llegando al extremo de intentar ridiculizarlo públicamente. Recién cuando Dauberton asumió la dirección del Gaitnete de Historia Natural, pudo continuar sin contratiempos sus apasionantes estudios, cuyos resultados aparecieron sucesivamente en las gacetas de la Sociedad de Medicina y de la Academia Francesa de Ciencias. También participó en la redacción de la "Encilopdia", haciéndose cargo de la introducción de la Historia Natural de Hombr, que se puede ubicar en el tomo primero. Dauberton era bastante conocido para Unanue, quien recurría a él para sustentar algunas precisiones sobre el estudio de las proporciones de Basilio Huaylas. Recuerda las opiniones de Dauberton en torno del falaz hallazgo de Teotobocus, rey de Cimbria, ya bastante olvidada desde un siglo atrás, aunque disentía de algunas importantes conclusiones del sabio francés, a propósito del caso del gigante indígena.

"...se diría también ser falsa la relación que nosotros hacemos de Basilio Huaylas; pues dándole cerca de tres pies de latitud a sus espaldas, no debería corresponderle siete pies de alto sino más de doce. Ysi las medidas hubiesen de deducir de sus manos y dedos, apenas se le podría dar de 5 a 5,5 de altura; pues ni la palma de la mano corresponde a lo largo de sus brazos, ni menos sus dedos que aunque gruesos, son bien cortos."

La escrupulosisdad de Aristio lo llevaba a revivir una vieja polémica, y oponerse a Dauberton, uno de los pro hombres de la ciencia moderna occidental, cerrando filas momentaneamente con el desprestigiado Habicot, que sostenía la asimetría de los seres desproporcionados. Contrariando a Dauberton, Aristio anotaba:

"En los gigantes, así como en los enanos, no se ha de buscar aquella sabia y hermosa simetría que sigue la naturaleza en el resto de los hombres. Son aquellos unas variedades, o unas producciones monstruosas, que se aparten por lo común del orden regular; y así como no sería racional negar la existencia de los bicípites, porque todos los hombres tienen una sola cabeza, tampoco se podrá la de los gigantes, porque noo guerdan la proporción de sus miembros."

De esta manera Don Hipólito Unanue se unía a los ideales de los mercuristas, quienes desde el comienzo de su publicación habían propugnado que "más nos interesa el saber lo que pasa en nuestra nación que lo que ocupa al canadiense, al lapón o al musulmano" (Prospecto Y, p. 5). El todavía ignoto universo americano exigía no cerrar los ojos a cuanto fenómeno o hallazgo pudiera producirse. Todo debía ser pensado y esstudiado, incluso la posibilidad de la existencia de seres como los gigantes. Si bien el Mercurio se había interesado principalmente por el " homo oeconomicus", productor de la riqueza y la vitalidad de estos reinos de ultramar, la revista no era agena a las preocupaciones del hombre común, que también se dejaba seducir por todo lo desconcertante y maravilloso. Desde los ojos de hoy los mercuristas a través de Unanue no desdeñan aprehender este cosmos americano desde una presepectiva minimalista, enfatizando también los desvios de la naturaleza, los rasgos atípicos que conviven con las regularidades. El bagaje intelectual del que Unanue disponía para acometer sus estudios y descripciones científicas vinculaban a un mismo tiempo los conocimientos clásicos, la producción intelectual colonial y los más modernos aportes extranjeros. La afirmación de una conciencia criolla requería borrar las barreras impuestas por el pacto colonial,, que entre otras cosas impedía la universalización del espíritu científico. Los propios mercuristas anunaciaban esn sus principios editoriales:

"La escasez de noticias que tenemos del país mismo que habitamos y del interno, y los ningunos vehículos que se proporcionan para hacer cundir en el orbe literario nuestras naciones, son las causas de donde nace que un reino como el peruano, tan favorecido de la naturaleza en la benignidad del clima y en la opulencia del suelo, apenas ocupe un lugar muy reducido en el cuadro que nos trazan los historiadores" (Prospecto, I, 3).

Los mercuristas pretendían suplir la falta de información en que se debatía el nuevo continente. La España americana ya no pidía entenderse desde una cultura eurocéntrica de tres siglos de duración. Unanue representaba de esta forma la eclosión del pensamiento criollo, que consideraba su misión principal el dscubrimiento del reino de Perú. Sólo el cabal "descubrimeiento del país que habitamos" permitiría entender un "nosotros" todavía incipiente pero promisorio y de esta manera integrarnos al cuadro de las naciones de la época, al universo conocido. No es casual que dentro del espíritu rebelde de la época, Jefferson y Unanue coincidieran en sus afanes emancipatorios y en la reivindicación de la historia natural del nuevo mundo. La gigantomaquia esbozada por el prócer peruano respondía a una inquietud racionalista. Pero también constituía una pieza más del mosaico de la aún inescrutadanaturaleza americana.

Nota sobre la obra El Clima de Lima: Unanue escribía "A pesar de la distancia en la que hoy moran diferentes naciones de la tierra, se encuantra en sus tradiciones que sus antepasados vieron un mismo objeto, cuya descripción o imagen fueron después aplicando, según las ocurrencias análogas que les ofrecían sus opiniones, religión o costumbres. Yehová en medio del magestuoso aparato de los relámpagos y tuenos desciende a la cima del Sinaí a intimar la ley a los hebreos. Esta augusta imagen del poder y la grandeza divina, es luego aplicada a Júpiter, vibrando rayos contra el ejército griego desde la cúspide del Ida, y el grande hombre, no aparece de otro modo sobre los montes de Ohio para exterminar con sus dardos un feroz animal que asolaba las campiñas. Así también bajó en otro tiempo el Angel Celeste sobre la Punta de Santa Elena, en la América meridional, para arruinar una raza impura y feroz de gigantes que habiendo aportado allí de regiones desconocidas asolaba el país. Los indios de uno y otro hemisferio comprueban la verdad de sus tradiciones con las grandes muelas que se hallan enterradas en los sitios indicados. En el Perú se encuentran igualmente con otros huesos de enorme magnitud en la provincia de Chichas, cerca del trópico de Capricornio y no fatan rastros de ellas en el reino de Chile (Unanue, 1974 (1806): t 1, v 8, 98-9)".
Avatar de Usuario
Jose Vergara
Administrador del Sitio
 
Mensajes: 1042
Registrado: 26 Feb 2008, 00:50

EXTRAÑOS RESTOS ARQUEOLÓGICOS. PRUEBAS DE LA EXISTENCIA

UNREAD_POSTpor Jose Vergara » 30 Abr 2009, 16:17

EXTRAÑOS RESTOS ARQUEOLÓGICOS. PRUEBAS DE LA EXISTENCIA DE GIGANTES

AUTOR: Jesús H. Antelo
FUENTE: Gigantes: mito, leyenda o realidad

Chenini (Túnez), un minarete de unos 6 metros de altura señala un lugar llamado de Los Siete Durmientes donde podemos visitar las extrañas tumbas que aloja este recinto. Nada menos que 5 metros de longitud son los que necesitaron darle a las tumbas los enterradores de este apartado cementerio para albergar los cuerpos de los que allí reposaron sus huesos en algún remoto pasado.

(1.)"Esqueletos que se aproximan a los 3 metros de longitud" encontrados en este mismo lugar vienen a poner la guinda a este ya de por sí inquietante misterio...

(5.) Soyopa, 1930, estado de Sonora, en Méjico, durante los trabajos de labranza de unos granjeros se desenterró accidentalmente lo que parecía ser un antiguo cementerio. Entre los restos aparecienron los restos de hombres de más de 2 metros de altura enterrados en fila.

En 1934, el arqueólogo Paxton Hayes desentierra cerca de Barranca del Cobre lo que más tarde calificaría como los restos de una raza de gigantes. Miéntras, Robert Charroux, escritor francés, menciona la aparición de restos óseos de 2,74 metros de altura en una cueva del Caucaso.

(6.)Al respecto de la gigantomaquia de la península ibérica, el escritor de origen español Fernando Sánchez Dragó destaca que, hacia 1753, "un cabrero soriano descubrió en los cuetos de Santa María de la Hoz, cerca de Medinaceli, una profunda caverna con muchas reliquias de gigantes entre las que resaltaban un cráneo y numerosas tibias".

(7.)"La referencia a gigantes en Tarazona se encuentran igualmente en Argaiz, que incluso habla del gigante Cessarón de Alcalá del Moncayo, basándose en un supuesto manuscrito del monasterio de Veruela (cierta toponimia fantástica hace derivar El Cucharón, donde se encuentra la ermita de la Virgen del Moncayo, de este Cessarón). Huesos y muelas de pretendidos gigantes de Tarazona de 18 palmos aparecidos en el s. XVI en los cimientos excavados de las iglesias de Santa Ana y la Merced fueron rechazados como tales por los autores de la "España Sagrada", para los que no eran sino restos de megaterios "u otros animales antediluvianos o quizá cetáceos de la época del Diluvio".

En el sur de España, en la antigua Tahivilla, se encontraron huesos humanos de remota antiguedad que una vez recompuestos parecen haber pertenecido a un hombre de una estatura entorno a los 2,85m. También cerca de Tarifa, en la cueva de nombre Elechar II, se encontraron pinturas donde un gigante sostiene sobre su cabeza una embarcación. ¿Están estas circunstancias en relación con las narraciones que el cronista Plinio El Viejo recopiló sobre la existencia de piratas gigantes que atacaban a los barcos?.

En ocasiones la ciencia oficial ha querido quitarse estos molestos hallazgos proponiendo la idea de que en reliadad no se trataba de hombres (como podría tratarse en el caso del célebre hombre de Java, China, descubierto por Weidenreich) sino de simples primates evolucionados llamados genericamente Gigantropitecus. ¿Monos que entierran a sus muertos en cementerios?,¿monos con conciencia del más allá e ideas religiosas?, ¿primates guerreros que trabajan materiales como el bronce y el cobre para hacer armas?. En ocasiones la línea que separa la ciencia de la ficción parece no distinguirse con mucha claridad...

Restos ciclopeos compuestos de moles de piedra de dimensiones y pesos elevadísimos se extienden por todo lo largo y ancho del planeta. En sí mismos constituyen un reto para cualquier persona que intente comprender como fueron machu.gif (23247 bytes)arrancados de sus emplazamientos originales (muchas veces distantes varios kilómetros), trabajados, labrados, transportados y colocados... Solo las leyendas y tradiciones ancestrales son las que parecen ponerse de acuerdo y apuntar en una misma dirección; Egipcios, Aztecas, antiguas leyendas célticas y escandinavas, relatos de la mitología griega, etc. En todos los continentes existen referencias a estos personajes haciéndolos responsables además de la construcción de ciudades ciclópeas (Tiahuanaco, en la fotografía), templos, pirámides...

Y es que buscar una ubicación en el tiempo y una explicación satisfactoria a la presencia de estos restos es una tarea compleja y no está exenta de caer en errores e incluso miéntras la ortodoxa ciencia oficial siga perpetrando "sin sentidos" como la de datar la construción de la ciudad de Tiahuanaco entre los siglos III y I a. de C. pese a existir evidencias más que sospechosas de que esta cronología se queda corta, como por ejemplo, para explicar la existencia de grabados existentes en dicha ciudad que señalan a tiempos más remotos tendremos que asistir perplejos a paradójicas explicaciones sin ningún sentido que lejos de aclarar la historia contribuyen a complicar más aún el panorama. La misma "infalible" ciencia oficial, es capaz de aseverar y demostrar que animales prehistóricos como el Toxodón desaparecieron de la faz de la tierra entre 10 000 y 12000 años antes de Cristo y asegurar, a su vez, que la figura del toxodón que aparece grabado en la citada ciudad fue grabado por un hombre 11.000 años después de que el último de estos animales desapareciese...Incongruencias que se intuyen en la datación de monumentos en Egipto como es la de cifrar en unos 4000 años la antiguedad la Esfinge, y que se han defendido a capa y espada durante 200 años, se están revisando gracias a recientes estudios que sitúan ésta en más de 12.000 años, están obligando, poco a poco, a cambiar de postura a muchos inmovilistas. Todo apunta a que la humanidad es más antigua de lo que los libros nos hacen creer.

2."En el norte de Africa se han encontrado un verdaderoneand.gif (84401 bytes) arsenal de de espadas, lanzas y otros instrumentos, gastados por el uso, de tales dimensiones que habría que tener por lo menos tres metros de estatura..."

3."En Oriente Medio, en Siria, a 6 Km de Safita, los arqueólogos descubrieron picos con un peso de 3,8Kg. También en Africa, concretamente en Ain Fritisa (Marruecos Oriental) se han descubierto picos de 32x22cm. y 4,2Kg. de peso."

4."En un túmulo, situado en el Medio Oeste americano salió a la luz un hacha de cobre de 17Kg. de peso."

No deja de ser curioso como el peso de la lanza que portaba el gigante Dodó, 300 siclos (es decir, aproximadamente 4Kg.), se asemeja mucho al de los restos encontrados en Siria y Marruecos...Esto prueba que realmente había personas capaces de manejar estos instrumentos, por muy descabellado que nos pudiese parecer. El detalle de encontrar estos arsenales de armas "gastados por el uso" nos hace también descartar la idea de que se pudiese tratar de simples objetos "sagrados" o de culto, sin otro objetivo que la mera contemplación, cuidado y veneración de los mismos. Es decir, no han sido hechos para darles un fin religioso ni como excusa para ser enterrados en ceremonias fúnebres para honrrar a destacados guerreros caidos en combate.

Los textos sagrados (ver cap. IV del Génesis) nos recuerdan como los decendientes de Caín, neanderthales, entre otras cosas fueron los inventores de la música. Una de las Artes que heredamos de esa ancestral humanidad prediluviana. En Divje Babe, Eslovenia, entre los restos de hace 50.000 años, apareció el que posiblemente sea el instrumento musical más antiguo del mundo, hasta el momento. Perteneciente a hombres de neanderthal, éstos perforaban huesos de animales, en este caso de un oso, para lograr un instrumento musical semejante a una flauta. Según Jelle Ateme, de la Universidad de Boston, descubridor de este hallazgo, posiblemente usasen este instrumento para la seducción y la caza.

Huellas de pisadas humanas fueron descubiertas en Norteamérica, Texas, concretamente en el lecho de ríoPaluxy cerca de Glenn Rose. Estas huellas han sido dejadas por un hombre capaz de dejar una impronta en la tierra de 54,61cm. de largo por 13,97cm. de ancho. Como es de suponer, la altura de dicho hombre tenía que ser bastante superior a la media de cualquier persona considerada normal...Pero lo más "irracional" de este asunto es que la capa geológica en la que hacen aparición estas huellas data aproximadamente de hace 140 millones de años (cuando ni siquiera el primer hombre había hecho, "oficialmente" al menos, su aparición). Y parece que una vez más la verdadera historia no quiere adaptarse a nuestra versión académica oficial...

Otras huellas, esta vez de la mano de los testimonios prestados por los primeros europeos que pisaron "el Nuevo Mundo" nos sorprenden con sus narraciones:

Bernal Díaz del Castillo, pudo escuchar de boca de los aztecas, en tiempos de la conquista llevada a cabo por Hernán Cortés, que sus antepasdados compartieron la tierra con "hombres y mujeres de cuerpos y huesos grandes" hasta que la pacífica convivencia terminó en enfrentamientos que paulatinamente mermarían ese pueblo de gigantes y posteriormente se extinguirían.

Los nativos más ancianos contaban a Fray Jernónimo de Mendieta como sus ancestros lucharon con una raza de hombres muy altos y que una vez que sus tierras fueron conquistadas encontraron allí más restos, en forma de huesos, de verdaderos hombres gigantescos. Fray Diego Durán va más lejos afirmando ser testigo del hallazgo accidental de "huesos de hombres inmensos" en excavaciones.

A la llegada de Nuño de Guzmán a lo que hoy es la ciudad de Jalilsco le sorpredió ver una cantidad importante de poblaciones abandonadas. La explicación que recibió del motivo por el cual muchas construcciones tuviesen el aspecto de estar abandonadas fue que "una exitinta raza de gigantes venida del Sur" fue la responsable de tales edificaciones. En Méjico, a estos hombres se les conocía por el nombre de Quinametzi o Quinames, "grandes hombres deformes" o "gigantes monstruosos" .

Los religiosos, Fray Andrés de Olmos y Pedro Cieza de León, aportan dos datos curiosos acerca de estos gigantes americanos según lo que a ellos se les había dado a conocer: El aspecto de algunos de estos gigantes era calificado por los nativos de "horrendo, iban desnudos o simplemente vestidos con pieles, se dedicaban a la matanza y a la rapiña". De sus hábitos alimentícios deducimos que podían tratarse de lo que calificaríamos como vegetarianos, "bellotas y una gran variedad de hierbas" eran la base de alimentación de algunas razas de estos gigantes.

Los primeros colonos escucharon narraciones de antiguas tradiciones peruanas que cuentan como la costa de este país fue invadida en tiempos remotos por "hombres de gran talla" que portaban armas metálicas. Y que, según muchas tradiciones, la llegada de estos gigantes a muchas costas de américa se hizo, como los europeos, por mar. Se les atribuyeron grandes conocimientos en el arte, metalúrgia, agricultura, arquitectura... a excepción de las algunas "razas" que habitaron parte del continente, éstos hacían gala de una violencia inusitada, de un escaso desarrollo cultural y un siniestro aspecto. ¿Una forma de infundir terror por parte de los dueños de esa tierra a los recien llegados conquistadores con historias increibles?, ¿meras exageraciones?, ¿desbordada imaginación de los exploradores?... Tal vez los recientes descubrimientos en buena parte del territorio de Ecuador puedan desvelar parte de este misterio. Fuentes aún sin confirmar por los arqueólogos afirman que se han podido encontrar restos óseos de cráneos, y extremidades pretenecientes a seres humanos de una altura extraordinaria. Cantón Quilanga, Espindola, Calvas, Gonzanamá y Amaluza podrían, de un momento a otro confirmarnos la existencia en un pasado remoto de esos gigantes que hasta ahora habitaron en las antiguas crónicas y en la imaginación de los hombres.

Tal vez, cada día, estemos cada vez más cerca de resolver parte de esos misterios que rodean los ancestrales mitos que nos hablan de esa otra humanidad que habitó en la Tierra en los tiempos anteriores al Diluvio. El hecho de que parte de la tierra se viese anegada por las aguas en un remoto pasado como apuntan la mayoría de las mitologías no esté lejos de confirmarse definitivamente como un hecho probado. A las evidencias de carácter geológico que denuncian como posible este mito, ahora hay que sumar el reciente descubrimiento por parte de un equipo de investigación norteamericano patrocinado por la National Geographic:

"...han descubierto los restos de una civilización prediluviana en el fondo del Mar Negro, a unos 18 kilómetros de la costa turca, junto a Sinop. El hallazgo refuerza la hipótesis de que esa masa marina fue en su día un lago de agua dulce que se vio inundado repentinamente. Los habitantes de la zona habrían tenido que abandonar de forma precipitada sus asentamientos...Sería con gran posibiliad, el episodio bíblico protagonizado por Noé y su arca conocido como el Diluvio Universal... Se estima que la civilización se desarrollo hace más de 7.000 años. Su rápida desaparición pudo producirse al verse inundado el lago por el crecimiento de que provocó en los océanos el deshielo tras la última glaciación...causando una crecida de las aguas de un kilómetro y medio diario. Los expertos opinan que el hallazgo obligará a alterar todos los libros de Historia. Es un descubrimento a escala mundial..."

Fuente: Diario de La Voz de Galicia, 14 sept. de 2000.

1, 2 3, para más información consltar; Biblioteca Básica de los temas ocultos, por el Dr. Fernando Jiménez del Oso, volumen 21.

4, De Brad Steiger en su libro Worlds Before Our Own (Berkeley, 1978).

5, New York Times, 2 de diciembre de 1930.

6, Gargoris y Habidis. Una historia mágica de España, Planeta, Barcelona, 3ª ed. 1994, p. 104).

7,Etnología y antropología cultural en la comarca del Moncayo, Antonio Beltrán Martínez, Tvriaso X, Tomo II, 1992, p. 571-572.
Avatar de Usuario
Jose Vergara
Administrador del Sitio
 
Mensajes: 1042
Registrado: 26 Feb 2008, 00:50

GIGANTES EN LA ANTIGUA ROMA

UNREAD_POSTpor Jose Vergara » 30 Abr 2009, 16:19

LEYENDAS, TRADICIONES, HISTORIA Y MITOLOGIA DE GIGANTES EN LA CULTURA GRECOROMANA.

AUTOR: Jesús H. Antelo
FUENTE: Gigantes: mito, leyenda o realidad

La Historia de Roma se confunde a menudo con tradiciones y extrañas leyendas salpicadas de legendarios y mitológicos seres. La aparición de Gigantes en los antiguos textos de historiadores, estudiosos y filósofos romanos no es nada extraño. A su propia tradición como pueblo deben sumarse la cantidad de culturas pertenecientes a otros países, religiones y creencias que el imperio romano asimiló en su afán por extender su dominio más alla de las colinas que rodean la ciudad de Roma.

La antigua Grecia y su religión influyó en la cultura de Roma y fundió muchos de sus mitos y dioses dando origen a una rica mitología. Así, la creencia de que seres mitológicos como los gigantes fuesen los encargados de la formación de gran parte de la tierra conocida por los griegos y romanos dieron lugar a que surgiesen bellas historias donde los gigantes y titanes, en su lucha contra los dioses dan como resultado la formación de buena parte de la geografía mediterranea. Son historias como la del gigante Atlas, hijo de Jápeto. En castigo por revelarse con el resto de los Titanes contra los dioses del Olimpo fue condenado a sostener sobre sus hombros la bóveda del cielo. Perseo lo petrificó convirtiéndolo en lo que hoy es conocida como la cordillera del Atlas, en África. Según esta misma mitología, la isla de Sicilia fue creada como consecuencia de un proyectil lanzado contra el gigante Encélado por Atenea, el gigante aplastado dió lugar a la formación de esta isla del Mediterraneo. Otro de los gigantes, Polibotes, atacado por Poseidón muere aplastado dando lugar a la vecina isla de Nisiros. Gigantes, como Tifón, en su lucha contra los dioses del Olimpo fueron los responsables de la destrucción de reinos enteros y la aparición de volcanes y otras catástrofes que asolaron la Tierra. A Tifón se le atribuye la desaparición de la paradisíaca isla de Santorín mediante el fuego vomitado por la boca del gigante y de la vecina Creta cuyo civilización desapareció en una sola noche por los temblores de tierra y violentos vientos provocados por Tifón. Pero a este gigante también se le atribuye la aparición del archipielago de las Cícladas como consecuencia de haber vomitado enormes peñascos miéntras cruzaba el mar Egeo. Otra leyenda atribuye a la lucha entre Zeus y Tifón la formación de la isla de Sicilia y los ríos que jalonan la orografía que va desde Grecia a Siria, las garras del gigante arañaron la tierra con sus enormes uñas provocando la aparición de muchos de los lechos de los rios. Aprovechando la caida de Tifón sobre el mar Jónico, Zeus, arrojó un enorme peñasco sobre el gigante dando lugar a la isla de Sicilia. La leyenda dice que el gigante sigue vivo y que su aliento puede verse en las bocas del volcán Etna arrogando humo y lava. En la tradición popular del pueblo romano se representaba también como un gigante barbudo y de gesto feroz a Orcus, demonio de la muerte.

Una característica de los Césares es la de atribuirles el papel de dioses aunque en el caso de los emperadores Maximino y Joviano fueron tenidos por gigantes como cuentan las crónicas, una forma más de la notable influencia de la mitología en la cultura romana. Más tarde, la costumbre de atribuir una estatura gigantesca a reyes, héroes y mandatarios puede verse reflejada en culturas donde la inflencia de Roma dejó su huella durante mucho tiempo. En la península ibérica fue relativamente común asociar una elevada estatura con un signo inequívoco de pertenecer a la realeza. Posiblemente esta tradición tenga su origen en la conquista y posterior asentamiento de la cultura romana en el territorio peninsular. En este sentido, podemos destacar la historia que recoge el cronista Pellicer de Tovar quien cuenta que en la ermita románica de la Virgen de la Torrentera, en el pueblo castellano conocido como Villalaín, está enterrado el cuerpo del juez de Castilla, don Laín Calvo. La tradición cuenta que cuando se desenterró el cuerpo pudieron comprobar que se trataba de un auténtico gigante y asombrados descubrieron que el cuerpo se encontraba aparentemente entero e incorrupto pero al contacto con el aire se deshizo convirtiéndose en cenizas casi al instante. Otro ejemplo similar es el de Sancho el Fuerte de Navarra, enterrado en Roncesvalles a quien se le atribuyen más de dos metros de altura o Jaime I de Aragón (1213-1276) a quien las crónicas lo recuerdan como un hombre de elevadísima estatura.

Otras historias, a caballo entre la leyenda y la tradición histórica narran acontecimientos ocurridos en tiempos cuando el imperio romano se extendía por gran parte del mundo conocido hasta ese momento. En su afán de expansión los romanos han tenido roces con muchas culturas y pueblos primitivos y aislados por Europa, Asia y África. De aquellos tiempos llegan narraciones tanto por parte de los pueblos conquistados como de los invasores, hasta nuestros días nos llega la historia de un gigante de nombre Mandronius, conocido también como el gigante de Garós. Este gigante tenía su morada en el Valle de Arán (Pirineos), en una cueva próxima al pueblo de Betlan y se cuenta que llegó a hacerse famoso por la valerosa lucha de que hizo gala frente al ejercito de ocupación romano. Su enorme estatura, cercana a los tres metros, hacía de éste un guerrero temido por los romanos. Éstos llegaron a tomar como rehenes a su mujer y a su hija llevándoselas consigo a su campamento. Mandronius, comandando a los hombres del valle se dirigió al campamento romano asaltándolo para rescatar a su familia. Las mujeres fueron rescatadas , el campamento romano fue arrasado y los supervivientes hechos prisioneros. Con el fin de demostrar a Roma la intención de luchar contra cualquier invasor que osase adentrarse en aquellos valles mandó cortar una oreja a cada prisionero romano e hizo llevar el sangriento presente al César de Roma. Pero la violencia de este gigante se hacía extensiva a otros habitantes del valle y en una ocasión los hombre de la región se unieron en gran número para dar caza al gigante. Después de la lucha consiguieron sujetarlo, atarlo y llevárselo con ellos. Mandronius, humillado ordenó a un sirviente que lo matase atravesándole con un clavo la nuca. La calavera oradada se llegó a conservar durante mucho tiempo en la iglesia de Garós. Con el tiempo, el cráneo se convirtio en una verdadera reliquia y se creía que tenía el poder de curar y fortalecer a los niños. Pero la presencia de hombres de elevadas estaturas en estos valles no es patrimonio del pasado. En pleno siglo XX aún se pudieron escuchar narraciones y testimonios de gigantes en estos parajes.

En Sallent de Gállego (valle de Teñia) nació en 1870 un hombre que llegó a alcanzar los 2,20m. de altura. Se dice que en cada comida ingería el equivalente a lo que comerían 7 personas y cuentan que en 1905 logró dar muerte a un oso con la sola fuerza de sus brazos. Este hombre llegó a ser conocido en Holanda y fue considerado por la universidad de Munich como el hombre "más alto y proporcionado de su tiempo". Fue conocido en gran parte de Europa mediante una gira que lo hizo famoso hasta que murió en 1913 a la edad de 43 años.

Sin embargo, no sería ésta la única ocasión en que el ejército romano tendría que enfrentarse a pobladores de colosales dimensiones y fiereza. Plinio (79 a.C.), apodado el Viejo, cuenta en sus crónicas -Oceanus Gaditanus- como en Andalucía (España) habitaban unos hombres de gran estatura y fuerza que se dedicaban al pillaje y la piratería. En más de una ocasión parece que uno solo de ellos podía hacer zozobrar una pequeña embarcación tan solo con la fuerza de su peso. El mismo historiador recuerda que en Creta apareció flotando por el río el cuerpo inerte de un gigante de cuarenta y seis codos de altura y que Lucio Flaco y Metelo se desplazaron desde Roma para comprobarlo. La mismísima ciudad de Roma, dicen los escritos recogidos por Alfonso de Villegas, fue testigo de la aparición del cuerpo del gigante Palas (Palante) del que se decía que su altura superaba la de los muros de la ciudad. Sigue narrando A. de Villegas que en Sicilia, cerca de la ciudad de Deprano, fue descubierto el cuerpo de un gigante que al poco tiempo se deshizo en polvo y del que solo quedó una pierna como testimonio, calculándose la altura de éste en unos doscientos codos...

La supuesta existencia de hombres de elevada estatura en la península ibérica antes de los tiempos de la conquista romana puede venir dada por la creencia de los pueblos conquistados en que sus orígenes no fueron menos augustos que los del invasor romano. Así, antes de la llegada de Roma al archipiélago Balear, ya circulaban leyendas en las que los antiguos pobladores de las islas, poseedores de una fuerza y estatura muy superiores a lo normal se encargaron de elevar los monumentos megalíticos que se extienden por las islas. Según la leyenda, unos gigantes de origen caldeo llegaron a las islas después de un devastador diluvio hace miles de años. En la isla de Menorca (Baleares, España), existe un tipo de monumento megalítico único en su género y exclusivo de la zona. Conocido como Taula en el idioma local, este monumento está generalmente formado por una piedra vertical de forma rectagular como base y otra horizontal incrustada sobre la primera rodeado normalmente por un recinto en forma de herradura y otros menhires que rodean el complejo, su forma recuerda una gran T. Según las leyendas, las Taulas, "mesas" en la lengua catalana hablada en el archipíelago, tienen su origen en la creencia de que se trataba de mesas construidas por antiguos gigantes moradores de la isla.

También en las islas más occidentales de la península y próximas al continente africano, las Canarias, existen muestras de una cultura muy antigua en el tiempo, además de pirámides de las que todavía se discute sobre su procedencia y función podemos encontrar en el desierto de Grandilla unos grabados antropomorfos exculpidos en roca viva de importantes dimensiones. La tradición cuenta que se trata de un matrimonio de gigantes guanche -antiguos pobladores de las islas- , el hombre, de 2.94 y la mujer de 2.67 metros han dejado su impronta en la piedra para testimonio de los tiempos venideros.

La creencia de los romanos en las leyendas mitológicas más como en un hecho real e histórico que como simples fábulas llegó a hacer que cronistas como Plinio dedujesen que la tumba del gigante Anteo -muerto en combate por Hércules, Herakles- debía situarse en Lixus. Llegó incluso a calcular el tamaño que debía tener la tumba del gigante que cifró en sesenta codos -17 metros-. Cuando el ejército romano llegó a Tingitania recibió la orden de su general de buscar la tumba del gigante Anteo. Las legiones romanas llegaron a excavar la cima de la Charf por este motivo y parece que su esfuerzo se recompensó cuando sacaron a la luz una considerable cantidad de huesos. Antes de la llegada del ejército romano a este punto de África el lugar ya era conocido y tenido por sagrado por los romanos. Conocido como Fretum, las montañas de Marruecos eran consideradas como lugar santo. Los montes del Atlas fueron tenidas como sagradas por tribus bereberes mucho antes de la llegada de los romanos y es curioso que los invasores romanos escuchasen de boca de los antiguos moradores de estas tierras la historia del combate de Herakles (Hércules) y Anteo... un mito, pues, no exclusivo de la cultura griega. Tenemos que creer que la osamenta rescatada por los romanos pudiese pertenecer a fauna ya desaparecida miles de años atrás donde animales de colosales dimensiones poblaron una vez la tierra.

La mezcla de antiguas creencias y las historias de los propios legionarios que han tenido que luchar con pueblos de una talla sensiblemente más elevada que la del pueblo romano han tendido a mitificar al enemigo. Así, guerreros pertenecientes a pueblos como los galos, germanos y etíopes de estatura superior fueron descritos por las legiones de Roma como fieros gigantes a los que lograron vencer en batalla. Quizá esos pueblos con tallas más elevadas que las legiones del César recordasen a los romanos sus antiguas creencias en gigantes mitológicos pero sea como sea parece que lejos de ser una extraña excepción en la naturaleza esta raza de hombres "gigantes" fueron una étnia conocida en muchos lugares del continente Europeo y Africano. Durante la época imperial, el reclutamiento de legionarios exigía a los candidatos a pertenecer al ejército romano entre otros requisitos alcanzar una estatura no inferior al metro setenta y cinco centímetros por lo que tendremos que deducir que para que un enemigo fuese tenido por un gigante, la estatura de éstos debería alcanzar y en ocasiones superar los dos metros... determinadas subrazas africanas como la nilótica cuyos integrantes alcanzan una media de 1,78m. llegando a superar los 2m. de estatura. Frente al número elevado y a la fuerza bruta aportada por sus enemigos en batalla, el ejército romano exhibió una estrategia y disciplina en la lucha que pocos pueblos enemigos fueron capaces de superar.

Por parte del emperador Marco Aurelio, desde su destierro en la isla de Sicilia, nos llega su testimonio en forma de escrito dirigido a su amigo Antígono en el que entre otros asuntos trata de hacerle llegar las historias y leyendas que ha tenido ocasión de escuchar y narra la historia del gigante Milón. Este gigante según cuenta la leyenda tenía por costumbre ejercitar sus fuerzas dando caza a un toro. Después de retar a cualquier joven a ganarle en una carrera llevando el gigante el toro a cuestas continúa narrando que le daba muerte con la sola ayuda de un cuchillo y más tarde comia su carne en un solo día.

El cronista Homero cuenta a su vez el origen de contar el tiempo por olimpiadas, es decir de cuatro en cuatro años, asociando dicho hecho a la leyenda del gigante de origen griego Cerastes quien luchó con más de cincuenta mil hombres en el monte Olimpo sin que ninguno pudiese ganarle en combate.

La cosntante de la lucha contra gigantes por pueblos más o menos organizados en sus incursiones por nuevas tierras la podemos observar en el antiguo pueblo hebreo o en los colonizadores europeos a su llegada al nuevo continente, tanto en éstos como en el caso de la Roma Imperial, los testimonios de cronistas de la época, ancestrales mitos y leyendas se mezclan para formar una amalgama de hechos difícil de evaluar en su justa medida. En todos los casos se mezclan realidad y ficción con el fin de engrandecer las gestas militares y enoblecer tanto el origen del pueblo invasor como el conquistado.

Nota: Si conoces alguna historia sobre gigantes en los tiempos de Roma o puedes ampliarme algún dato que aparece en esta página te agradecería que me la hicieses llegar.

Bibliografía: Destacan, "Gigantes y dragones" de E. Brasey, "Los gigantes y sus orígenes" de Louis Charpentier. "Guía de la España Mágica" de Juan Gracía Atienza. "Fructus Sanctorum y Quinta parte del Flut sanctorum" de Alfonso de Villegas.
Avatar de Usuario
Jose Vergara
Administrador del Sitio
 
Mensajes: 1042
Registrado: 26 Feb 2008, 00:50

GIGANTES Y MEGALITÍSMO. LOS JENTILLA.

UNREAD_POSTpor Jose Vergara » 30 Abr 2009, 16:20

GIGANTES Y MEGALITÍSMO. LOS JENTILLA.

AUTOR: Jesús H. Antelo
FUENTE: Gigantes: mito, leyenda o realidad

Tenemos que trasladarnos a tiempos muy remotos en las tierras del norte de España... En el País Vasco sobrevive aún la leyenda de unos seres que son descritos como personas de altura gigantesca, poseedores de una fuerza descomunal que habitan en las simas y cavernas de este rincón de España. Son los llamados, en lengua eusquera, los "jentilla", los gentiles. Vivieron en estas tierras mucho antes de la llegada del cristianismo, de ahí su nombre... tradicionalmente considerados como levantadores de dólmenes se dice que podían llegar hasta los cuatrocientos años de vida. Son reticentes a dejarse ver con frecuencia y su relación con los seres humanos solía ser apacible. La toponimia del País Vasco deja ver una clara alusión a estos personajes en gran cantidad de nombres de lugares, pueblos...Jentillzulo, el pico de Jentilbarata, los dólmenes de Jentilletxek, Jetilbatza, Jentillarriak, Jentileioa... Incluso en determinados pueblos se les llama de esta forma (gentiles) a los habitantes de Urdiaín y Aya pues se cree que son los descendientes directos de los jentilla.

Muchas leyendas les hacen descendientes de los basajaum (baxajaunak, en eusquera, personajes gigantescos de los que ya hemos hablado con anterioridad ), los "gentiles" pues son, siempre según la leyenda, los herederos de la ciencia y la cultura de estos magos y maestros del paleolítico. Herederos de profundos conocmientos sobre agricultura y otras artes y ciencias se cree que son los artífices de la mayoría del arte megalítico de gran parte de España y Francia. De hecho, en Francia, concretamente en el río Ródano, los supuestos restos de un gigante de treinta pies fueron encontrados flotando por el río cerca de una montaña narbonense de Francia cuando reinaba Carlos VII según el cronista Fulgoso. ¿Prueba de que aún no hace tanto tiempo estos seres de leyenda estaban vivos en lo más recóndito de las montañas?. Diversas leyendas aribuyen el origen de técnicas agrícolas, ganaderas así como el descubrimiento de la soldadura del hierro y otros avances a los conocimientos adquiridos por los hombres mediante el contacto con esta antigua raza de hombres.

Leyendas repartidas por el País Vasco recuerdan todavía cómo muchas de las peñas que adornan su geografía fueron transplantadas por gigantes como ocurre con las peñas de Ondarraitz en Hendaya. Responsables de estas maravillas lo fueron también una raza muy antigua de hombres conocidos como Mairi. Con sus propias manos trasladaban enormes piedras con las que construían castillos, dólmenes, etc. Cuenta una leyenda que una mujer perteneciente a esta raza de gigantes es la responsable de algunas de estas obras, concretamente las de el dólmen de Gaatenia (Mendive) o el de Armiaga (en Behorleguy). Se cuenta que mientras trasladaba las piedras sobre su cabeza ocupaba sus menos en hilar.

Como ocurre en muchas otras partes del mundo, en este rincón de la europa más occidental, existen también leyendas entorno a estos gigantes que los hacen responsables de raptos de seres humanos. Según las leyendas los gentiles son los fieles seguidores de la "deidad de la noche", Gaueko. Los gentiles son protagonistas de muchas historias donde personas que han retado a la noche para proseguir con sus trabajos o simplemente adentrarse en los bosques son raptados por estos gigantes. En ocasiones, dándoles apariencia de cíclopes de un solo ojo, aparecen historias donde personajes como Torto (Anxo o Tártalo, como también es conocido) raptan a personas llevándolas a su morada, normalmente una cueva, donde son asesinadas y devoradas.

¿Pero de que hablamos cuando hablamos de arte megalítico?. Entre otras cosas estamos hablando de que "personas" pertenecientes al período Paleolítico, supuestamente carentes de técnicas, conocimientos matemáticos, ni medios han sido capaces de levantar monumentos consistentes en la colocación de rocas de tamaños y pesos impensables para formar estructuras en forma de megalitos, dólmenes, etc más o menos complejos. Muchas de estas construcciones dejan un misterio añadido al tratarse de una colocación de piedras estrategicamente ubicadas de forma que podemos pensar que se traten de autenticos monumentos con una función astronómica. Para hacernos una idea de los tamaños y pesos que tenían que manejar estos supuestos "hombres" podemos citar por ejemplo el dolmen de Soto cuyas piedras han sido transportadas desde un yacimiento que se encuentra a 38 Km. de distancia. Las piedras tienen una longitud total de más de 20 metros, la altura del monumento alcanza los 3,40 metros... aunque ejemplos como éste los podemos encontrar en casi todo el planeta. Otra extraña obra la encontramos en Bidarray (País Vasco), una calzada construida en el paleolítico cuya función se cree sagrada y formada por enormes losas y que según las tradiciones locales fueron colocadas por los jentilla, los gentiles. Estas colosales obras se llevaron a cabo desde hace aproximadamente 3000 años antes de Cristo hasta poco después de la llegada del Imperio Romano en estos lugares.

"Raza de gigantes construyendo megalitos" de Johan Picard, 1660.La sola envergadura que podían alcanzar estos "gentiles" no hace posible explicar el cómo y el por qué han sido colocados estos monumentos megalíticos. Ni la gran estatura ni su fuerza son suficientes para explicar la existencia de semejantes obras sino hay detrás una cultura, unas creencias y una inteligencia, verdaderos motores de semejante proyecto. Tendremos que volver a hablar una vez más de la existencia de una raza de gigantes que habitaron gran parte de la tierra poseedores de conocimientos y técnicas capaces de "prodigios" como lo demuestran gran la cantidad de vestigios de un remoto pasado... las leyendas y tradiciones más antiguas siguen apuntando hacia estos personajes una y otra vez, independientemente del lugar donde nos encontremos y apdopatando diferentes nombres.

Hay opiniones que afirman que esta raza de gigantes poseedores de conocimeintos heredados por sus ancestros han sido los encargados de enseñar entre otras cosas la técnica de la agricultuara a los hombres y así lo recuerdan algunas leyendas que cuentan cómo los hombres fueron instruidos por los gentiles y otras tradiciones narran historias de cómo los hombres fueron capaces de hacerse con los conocimientos de éstos por medio de engaños y argucias. Todo parece indicar que los gentiles no solamente poseían conocimientos avanzados para los humanos sino que evitanban comunicárselos incluso no hacíendose ver demasiado y rehuyendo la presencia de éstos.

La extraña constante de no encontrar armas ni otros objetos bélicos en las cercanías de estos monumentos megalíticos ha hecho llegar a la conclusión a algunos estudiosos de que realmente este pueblo de gigantes, en un momento dado, no llegó a necesitar de armas para defenderse, ¿por qué?. Se cree que en algunas zonas estos gentiles disfrutaron del temor y el respeto de los hombres que vivían en las cercanías y que posiblemente fueron considerados como maestros en muchas artes y ciencias... Cerámicas que recuerdan más a instrumentos para determinados cultos de caracter religioso son los vestigios más claros que han dejado aquellos gigantes. Posiblemente se tratase de un pueblo pacífico, muy preparado en la agricultura, metalurgia y con un alto grado de cultura religiosa.

Las razas de gigantes, Unen y Joten, de las leyendas germánicas son los responsables también de la construcción de la mayor parte de los monumentos megalíticos de la zona... son un claro paralelismo en el caso de los jentillak vascos pero no el único... ¿Debemos pensar pues en que algo de verdad siguen escondiendo realmente las antiguas leyendas?

Veamos lo que algunos investigadores tienen tiene que decir sobre la existencia de esta raza norteña de hombres gigantes...

-"Se han emprendido investigaciones etnológicas en este sentido, sobre todo en los Pirineos y el País Vasco, lo que no debería sorprendernos... Sabemos que, en efecto, esta zona geográfica vio nacer hace miles de años al hombre de Cromagnon, que en relación con el hombre de Neanderthal, parecía un gigante. Hemos estudiado en otra parte la hipótesis según la cual este hombre de Cromagnon era sin duda el descendiente de los antiguos atlantes, expulsados de su isla-continente a causa de un diluvio ocurrido hace doce mil años (Eduard Brasey, L'Enigme de l'Atlantide, 1988)"

Por primera vez nos encontramos con una clara alusión directa a los habitantes de la mítica Atlántida en conexión con los gigantes... Pero, ¿qué razones pueden llevar a los estudiosos e investigadores a relacionar estos dos clásicos mitos?. Quizá la respuesta la encontremos en lo que nos explica J. García Atienza en su libro "Los supervivientes de la Atlantida" sobre el origen de la cultura megalítica y los gigantes:

1ºEl hombre del paleolítoco superior, mutante extraño y anómalo con respecto a los homínidos que le precedieron, pudo recibir, esporadicamente o de un modo continuado, la visita de exploradores-maestros procedentes del mar, que les enseñaron mágicamente la racionalización de su vida, de la caza y de los más elementales principios de la fertilidad animal.

2ºDurante el período msolítico -epipaleolítico- profundos transtornos en la estructura geológica y climática dde la Tierra produjeron, en un principio, un intenso trauma en los pueblos primitivos, cuya forma ancestral de vida cazadora se vio turbada por la emigración de especies animales, por alucinantes cambios climáticos y por turbaciones geológicas que para él resultaban incompresibles.

3º A fines de ese período, y a lo largo de un tiempo indeterminado, cominezan a desaparecer, en las zonas vertientes atlánticas, los restos de pueblos desconocidos hasta entonces, probablemente supervivientes y herederos de una civilización superior desaparecida en los cataclismos geológicos que se han venido produciendo.

4º Estos supervivientes, por su corto número y por las precarias condiciones de vida que tienen que adoptar despues de su salvamento del desastre, no actúan como pueblo directamente dominador, al menos en principio, pero llevan consigo el germen de unos conocimientos superiores y, en muchos casos, de un desarrollo mental que les da la posibilidad de dominar de modo efectivo a los pueblos primitivos con quienes han de convivir.

5º Una parte de estos supervivientes atlantes -les llamamos así por conservar el nombre transmitido por los mitos- permanece en la fachada atlántica europea, ejerciendo una especie de colonialismo mágico que tiene su testimonio en el desarrollo aún misterioso de la cultura megalítica más primitiva.

6ºOtra parte atraviesa el norte de África y, estableciendose en las cuencas fértiles de aluvión de los grandes ríos -el Nilo, el Tigris, el Éufrates y el Indo- constituyen el arranque de las primeras y más importantes civilizaciones históricas reconocidas: Egipto, Sumer y Mohenjo Daro."

Las hipótesis están servidas y las leyendas han estado desde siempre ahí, ahora solo falta esa prueba definitiva... ¿o no?.

Pero, ¿Cuándo desaparecen?. Según las leyendas, los jentillak desaparecieron de la tierra cuando una estrella anunció el nacimiento de Cristo. Otras leyendas hacen referencia igualmente a la llegada del cristianismo como la cuasa o el momento en que los jentillak y otros gigantes de los pirineos dejaron de existir... se habla de suicidios colectivos, migraciones... lo cierto es que los jentillak simbolizaron la lucha de la antigua tradición frente a la recien llegada religión cristiana a los pueblos del norte de España. Lo cierto es que los gentiles no han dejado resto alguno de los cuerpos, no hay tumbas, no hay huesos... de igual forma que desaparecieron los remotos ritos y creencias ancestrales "los gentiles" tienen ahora su morada en la leyenda y en las tradiciones más antiguas de nuestras tierras

Bibliografía: Los Supervivientes de la Atlantida de J. García Atienza. Los Gigantes y su origen de Louis Charpentier. Guias de la España Magica volumen I y II de J.G. Atienza. Mitología Vasca de Jose M. de Barandiaran,
Avatar de Usuario
Jose Vergara
Administrador del Sitio
 
Mensajes: 1042
Registrado: 26 Feb 2008, 00:50

GIGANTES; GREMIO DE CONSTRUCTORES

UNREAD_POSTpor Jose Vergara » 30 Abr 2009, 16:21

GIGANTES; GREMIO DE CONSTRUCTORES

AUTOR: Jesús H. Antelo
FUENTE: Gigantes: mito, leyenda o realidad

Como hemos visto hasta ahora son numerosos los testimonios en forma de leyenda los que acercan los míticos gigantes a las construcciones pétreas más antiguas y a toda una cultura lítica poseedora de inquietantes conocimientos; agricultura, astronomía, metalurgia, contrucción...

Rafael Alarcón Herrera, en su interesante artículo; "Las tumbas de los brujos templarios" publicado en la revista Año Cero nos revela la fascinante posibilidad de la conexión entre la mítica raza de gigantes conocidos como "gentiles" y el gremio de constructores, arquitectos del Arte Sacro.

"...También hay ejemplos de mitos hispánicos célticos reflejados en las leyendas de ciertas tumbas templarias. Es el caso de los Gentiles, que hallaron la imagen de la Mare de Deus dels Angels y levantaron su santuario en Horta de Sant Joan (Tarragona). Cuando en 1177, los templarios se instalaron en el Castell d'Horta y la zona estuvo libre de ataques musulmanes, lo primero que hicieron fue convertir el cercano Puig del Gegant en centro de devoción maraina... Cuenta la leyenda que allí reposan los huesos del primer Comendador de Horta, frey Bertrán Aymerich, y de los gigantes Rotlá y Farragó... Una tradicón afirma que si en la noche de San Juan alguien de corazón puro cogía rayaduras de piedra de aquellas tumbas y las tomaba disueltas en agua, antes de dormir, durante el sueño, se le aparecía el fantasma de frey Bertrán para ayudarle a descifrar las figuras de los sarcófagos. Éstas indicarían la forma de entrar a cierta cripta secreta donde los templarios habían ocultado sus libros sobre el arte de construir de los gigantes...Según el mito, Roltlá y Ferragó habitaban en este lugar desde la más remota antiguedad. Eran laboriosos artesanos, que dominaban el arte de la construcción y organizaban desafíos de fuerza para divertirse. Cierto día que estaban arrancando peñascos para ver quien los arrojaba más lejos, encontraron una imagen de la Virgen y disputaron sobre su propiedad. Pasaba por allí el templario fray Bertrán, quien les propuso lanzar una peña y el que llegase más lejos sería dueño de la escultura. Ganó Rotlá y la Virgen les acabó diciendo: Esta piedra será llamada Puig del Gegant, aquí me construiréis casa y viviréis. Así lo hicieron durante siete años, hasta que vinieron más templarios para formar comunidad, y los gigantes se retiraron a lo alto del Puig.

Lo que aquí subyace es el viejo mito de la Edad de Oro, donde se entremezcla el recuerdo de unos genios paganos de la naturaleza y un pueblo de artesanos de la piedra que convivió con los primeros cristianos, sin convertirse a la naciente fe hasta ser absorvidos por la nueva sociedad. Se trata de los gentiles, jentillak o jakinak, cuyo espíritu sobrevivía en los ermitaños constructores, primero, y en los gremios de Compañeros Constructores, después. Ambos son herederos de unos secretos de oficio, que expresarán mediante el esoterismo plasmado en los símbolos de sus construcciones.

A través de estos grupos y del Camino de Santiago, el mito de los gigantes gentiles, los desplazadores de montes, constructores de megalitos y luego de iglesias, símbolo de pervivencia de la vieja religión dentro de la nueva, se expandió a lo largo de los siglos para acabar siendo asumido por el sincretismo templario, cuando su esencia se estaba diluyendo irrenediablemente. Unos jakinak cuyo patrón, Jacques o Santiago, dominaba de tal modo la piedra -la cual derritió con su cuerpo para enterrarse en ella-, que no sabemos si considerarlo como el primer Maestro Constructor o el último Jentillak."

Otro ejemplo de cómo los arcanos conocimientos de arquitectura estaban en posesión de pueblos prehistóricos de apariencia gigantesca lo tenemos en Egipto.Las construcciones en territorio egipcio más antiguas, los hipogeos, esconden uno de los misterios más apasionantes... anteriores a la época dinástica gozaban de una acabado y técnicas de construcción muy avanzadas inexistentes todavía en la región. Tanto la calidad como la súbita aparición de esas construcciones hizo pensar enseguida que por fuerza los maestros constructores tenían que haber llegado de fuera de Egipto, con una cultura y técnicas de construcción depuradas durante siglos de experiencia. ¿Quienes eran esos compañeros constructores y donde habían adquirido esos conocimientos?.

En la obra "Antiguo Egipto. Mito e Historia" (Geddes and Grosset, 2001) podemos hallar una respuesta, los autores suponen que se trata del mismo pueblo que construía y habitaba las cuevas en la antigua región de Palestina, el pueblo de alta estatura, diestro en la guerra, constructor de pueblos y ciudades amuralladas... el gigantesco pueblo de piel y ojos claros que aterrorizó al pueblo de Isrrael, se trata posiblemente de los hijos de Enac, del reino de Gog, los zomzomin, los enaquim... Números 13, 32-33 y Det: "Es una tierra que devora a sus habitantes, y todos cuantos hemos visto en ella eran de gran talla. Hasta gigantes hemos visto allí; ante los cuales nos pareció a nosotros que éramos como langostas; así les parecíamos nosotros a ellos"...

El pueblo que habita la tierra que se traga a sus moradores. Este término puede venir dado por el hecho de que sus habitantes construían y moraban en las gigantescas cuevas escavadas en roca caliza. Los motivos ornamentales y las técnicas empleadas por estos gigantes cananeos fueron aplicadas más adelante en la época dinastica por los arquitectos egipcios con resultados asombrosos como lo demuestran muchas de las construcciones prehistóricas ubicadas en la zona de Jerusalén. La estructura de las gigantescas cuevas artificiales y tumbas excavadas por estos pueblos prehistóricos posiblemente hayan servido de base para que siglos más tarde maestros constructores en posesión de estos conocimientos levantasen las obras que aún hoy podemos admirar en la tierra del Nilo.

Este pueblo de elevada estatura, de aspecto nórdico, conocido primero por el pueblo de Isrrael por muchos y diferentes nombres (emitas, enaquitas, zomzomin...) ha dejado huella en Egipto tanto en su arquitectura como en sus leyendas y religión... Tanto Osiris como Seth tenían el aspecto de dioses nórdicos, rubios, de piel clara y una elevada estatura. Por los relatos de las leyendas puede adivinarse que sus estaturas los convertían en auténticos gigantes para sus contemporáneos.

El cronista de los conquistadores españoles, Pedro Cieza de León (1518-1560), en su incompleta obra Crónicas del Perú, reproduce lo que le contaron sus guías aymaras: "Tiahuanaco se edificó antes del diluvio, en una sola noche, por gigantes desconocidos. Ellos vivieron aquí en soberbios palacios, pero por no hacer caso a una profecía de los adoradores del Sol, fueron devorados por sus rayos y sus palacios se vieron reducidos a ruinas".

Es interesante reflexionar sobre lo que escribe José Herrera Peña (México) acerca de la fantástica ciudad de Tiahuanaco, sobre sus misterios e hipótesis ¿Estaríamos de nuevo ante un gremio de constructores de origen incierto?:

"De todos los vestigios que quedan de esa misteriosa edad en que coexistieron hombre y gigantes -mencionada por el Códice Vaticano y registrada por el Calendario Azteca- niguno más impresionantes que el de la enigmática civilización de Tiahuanaco, en América del Sur.

En este lugar existen rastros geológicos de una gran inundación, a pesar de su gran altura sobre el nivel del mar. Ocurrida hace ya cientos de miles de años, dejó su profunda huella no sólo en la memoria de los aterrados sobrevivientes sino también en el rostro mismo de la tierra

En efecto, sobre la cordillera de Los Andes, a casi cuatro mil metros de altura, se encuentra una línea de sedimentos marinos con una extensión aproximada de setecientos kilómetros de largo.

Dicha línea no es quebrada sino continua, lo que deja suponer que se trata de una marca dejada por el antiguo nivel del mar. Y una de dos: o el mar llegaba a cuatro mil metros de altura, o la tierra estaba cuatro mil metros más abajo.

A pocos kilómetros del lago Titicaca yacen las ruinas de la misteriosa y monumental ciudad de Tiahuanaco. Diríase que está en el fin del mundo. No se relaciona con nada. Sus caminos no van a ninguna parte. Nada tampoco llega a ella.

Sin embargo, el lugar se convirtió en el asiento de una poderosa y antiquísima cultura, aparentemente marítima.

Partiendo desde Cuzco, Perú, se llega a Tiahuanaco tras un día de trayecto ferroviario y fluvial. La altiplanicie semeja el paisaje de otro planeta. Cualquier esfuerzo físico tortura al visitante. Allí, la presión atmosférica es cincuenta por ciento más baja que al nivel del mar. El aire contiene una proporción mínima de oxígeno. Es inverosímil que allí pudiera desarrollarse una ciclópea civilización.

Los geólogos aseguran que en una época antiquísima, en la época de la formación de la tierra, el continente súbitamente se elevó de las aguas y la cordillera de Los Andes se formó.

Pero esto se refiere a la época en que aún no existía el hombre. Por otra parte, algunos investigadores aseguran que Tiahuanaco nunca fue una ciudad de cordillera sino un puerto de mar. Existen allí restos de lo que pudo haber sido un gran muelle y que no conduce a ninguna parte. En épocas remotas pudo haber conducido al mar. El lago Titicaca, cerca del cual está situada, no existiría. No sería lago sino prolongación del océano.

Si se eslabonan estos hechos con la teoría de Hoebiger, podría entenderse el pasado bajo una forma muy poco ortodoxa.

El austríaco sostiene que antes de caer la luna terciaria sobre la tierra -durante su proceso de acercamiento- su fuerza de atracción provocó no sólo el alzamiento de los mares y de los continentes sino también el crecimiento desmesurado de los seres vivientes, vegetales y animales, así como el de las diversas especies inteligentes, es decir, los gigantes y el hombre. O el antepasado del hombre.

La fuerza de atracción se mantuvo estable durante un largo periodo de tiempo, suficiente para crear esa gran civilización, posiblemente la primera que haya existido sobre la faz del planeta: la legendaria Atlántida.

Tiahuanaco no sería más que una de las colonias periféricas de dicha civilización. En este caso, la ciudad no estaría abajo, junto al mar, sino al contrario, el mar ascendería arriba de su nivel actual y llegaría hasta los pies de la ciudad.

El satélite terciario provocaría durante siglos la poderosa marea que dejó su marca en la cordillera de Los Andres.

Al caer el satélite, cesaría la fuerza que levantó a los mares, desencadenaría su furia y provocaría al cataclismo universal. El diluvio.

Si Tiahuanaco está verdaderamente emplazado a manera de puerto y después de su establecimiento se elevó la cordillera, su antigüedad sería mucho más remota que la que hasta ahora se le ha concedido. Tan remota, que los historiadores se niegan a darle crédito: fines de la Era Primaria.

Pero si lo que subió fue el mar hasta las cimas de la cordillera y luego se fundó la ciudad, como lo sugiere la explicación derivada de la teoría de Hoebiger, su existencia no sería tan antigua, aunque tampoco tan nueva como lo sostienen arqueólogos e historiadores: fines de la Era Terciaria.

Cuando los incas llegaron a este lugar, las ruinas de Tiahuanaco ya estaban en el estado en que hoy se hallan. Es una ciudad hecha por gigantes o, por lo menos, con la ayuda de gigantes.

Las dimensiones de los bloques de piedra con que se hicieron los edificios son colosales. Sobre ellos se grabaron signos que no existen en ninguna otra parte del mundo.

Una de las estatuas de Tiahuanaco, de una sola pieza, mide más de siete metros de altura y pesa más de diez toneladas. Por aquellos contornos hay docenas de estatuas monolíticas del mismo tipo, todas transportadas desde grandes distancias.

En la Isla de Pascua, a cinco mil kilómetros de Tiahuanaco, prosigue el desfile de estatuas. Pero sus rostros parecen de otra raza.

¿Quiénes cortaron esos grandes bloques de piedra? ¿Quiénes los tallaron? ¿Quiénes los transportaron hasta sus actuales emplazamientos? ¿Cómo fue posible moverlos sobre kilómetros de terreno abrupto y pedregoso?

¿Con qué finalidad se erigieron? ¿Por qué fueron colocadas a lo largo del contorno insular? ¿Por qué ni una sola ve hacia el interior? ¿A quiénes esperan? ¿Son retratos de algunos gigantes que allí se desplazaron?

Las puertas y ventanas de Tiahuanaco son también de una sola pieza. Son monolitos a los que se les tallaron las aberturas deseadas.

La técnica de horadar y pulir esos bloques no se repitió en ninguna otra civilización. El esfuerzo es enorme. Un esfuerzo que no sería posible repetir a cuatro mil metros de altura sobre el nivel del mar, ni siquiera con técnicas más evolucionadas.

Tiahuanaco no tiene sino tres kilómetros cuadrados aproximadamente; pero sus vestigios permiten vislumbrar lo ciclópeo de sus construcciones.

Los grandes circos no aparecen cubiertos sino rodeados de murallas. Dice Marius Leget que fueron hechos para que los reyes gigantes pudieran sentarse ante sus súbditos y discípulos: los hombres.

Nuestras grúas pueden mover monolitos de cincuenta toneladas y recientemente se han diseñado cabrestantes capaces de levantar cientos de ellas. Sin embargo, nuestros remotos antepasados ya hacían esto en América. Y en Asia, en el Oriente medio, en Europa. La pregunta es cómo.

Uno de los más impresionantes monumentos de Tiahuanaco es la majestuosa y enigmática Puerta del Sol.

Sólo hasta 1937 se consiguió descifrar su mensaje. Es un calendario. No un calendario normal, porque mide el tiempo de otra manera.

Mejor dicho, mide otro tiempo."

Leyendas y mitos similares los encontramos por todo el orbe... desde los gigantes constructores de pirámides en México, hasta los levantadores de dólmenes en Europa. ¿Pero qué misteriosos conocimientos poseían?. ¿Son los los gremios de constructores medievales los depositarios de esos conocimientos?.
Avatar de Usuario
Jose Vergara
Administrador del Sitio
 
Mensajes: 1042
Registrado: 26 Feb 2008, 00:50

GIGANTES EN EL DESCUBRIMIENTO DE AMÉRICA

UNREAD_POSTpor Jose Vergara » 30 Abr 2009, 16:23

GIGANTES EN EL DESCUBRIMIENTO DE AMÉRICA

AUTOR: Jesús H. Antelo
FUENTE: Gigantes: mito, leyenda o realidad

GIGANTES EN EL DESCUBRIMEIENTO DE AMÉRICA. TESTIMONIOS DE LOS PRIMEROS EUROPEOS EN EL CONTIENENTE AMERICANO.

Por J.Antelo con la colaboración de Juan Luis Manteiga.

Huellas, esta vez de la mano de los testimonios prestados por los primeros europeos que pisaron "el Nuevo Mundo" nos sorprenden con sus narraciones. Avistamiento de personas de altura muy superior a la europea, hallazgos de huesos y otros restos de seres descomunales, narraciones por parte de los indígenas de hechos y seres mitológicos, descubrimiento de construcciones gigantescas...Una cierta predisposición cultural por parte de los descubridores a interpretar lo desconocido como algo sobrenatural o fantástico entroca directamente con determinados testimonios y hechos que bien pueden entrar dentro de lo posiblemmente real. Alvar Núñez Cabeza de Vaca comenta en su libro "Naufragios"; "Cuantos indios vimos desde La Florida aquí, todos son flecheros y como son tan crescidos de cuerpo y andan desnudos, desde lejos parecen gigantes..." más adelante precisa que "...fuesen grasndes o no, nuestro miedo les hacía parescer gigantes." En un intento por infundir un terror infundado a los visitantes colonizadores recien llegados se prodicagron historias como la de fantasmas gigantes que se narraban ante el asombro de los hombres de la iglesia, así se recogieron narraciones como la siguiente: "En el mes de mayo del mismo año (1696), estando el día completamente sereno, en la misión de Cocomórachi, como a las tres de la tarde, estaba el Padre parado frente a la puerta de su casa, y alcanzó a ver un enorme gigante que tenía la cara vuelta hacia los cerros vecinos; superaba a los árboles más altos desde la cintura, y se inclinaba como si quisiera recoger piedras para arrojarlas. La aparición se esfumó después de un cuarto de hora, todo en presencia del misionero".

Buscar una única explicación que termine por dilucidar todas las narraciones que han llegado hasta nuestros días es tarea muy compleja; la mezcla e influencias culturales de los antiguos moradores y los nuevos visitantes puede ser parte de la clave para intentar comprender estos hechos. A continuación podremos leer algunos de los testimonios más interesantes de estos europeos recien llegados a una tierra mágica.

Bernal Díaz del Castillo, pudo escuchar de boca de los aztecas, en tiempos de la conquista llevada a cabo por Hernán Cortés, que sus antepasdados compartieron la tierra con "hombres y mujeres de cuerpos y huesos grandes" hasta que la pacífica convivencia terminó en enfrentamientos que paulatinamente mermarían ese pueblo de gigantes y posteriormente se extinguirían.

Los nativos más ancianos contaban a Fray Jernónimo de Mendieta como sus ancestros lucharon con una raza de hombres muy altos y que una vez que sus tierras fueron conquistadas encontraron allí más restos, en forma de huesos, de verdaderos hombres gigantescos. Fray Diego Durán va más lejos afirmando ser testigo del hallazgo accidental de "huesos de hombres inmensos" en excavaciones.

A la llegada de Nuño de Guzmán a lo que hoy es la ciudad de Jalilsco le sorpredió ver una cantidad importante de poblaciones abandonadas. La explicación que recibió del motivo por el cual muchas construcciones tuviesen el aspecto de estar abandonadas fue que "una exitinta raza de gigantes venida del Sur" fue la responsable de tales edificaciones. En Méjico, a estos hombres se les conocía por el nombre de Quinametzi o Quinames, "grandes hombres deformes" o "gigantes monstruosos" .

Los religiosos, Fray Andrés de Olmos y Pedro Cieza de León, aportan dos datos curiosos acerca de estos gigantes americanos según lo que a ellos se les había dado a conocer: El aspecto de algunos de estos gigantes era calificado por los nativos de "horrendo, iban desnudos o simplemente vestidos con pieles, se dedicaban a la matanza y a la rapiña". De sus hábitos alimentícios deducimos que podían tratarse de lo que calificaríamos como vegetarianos, "bellotas y una gran variedad de hierbas" eran la base de alimentación de algunas razas de estos gigantes.

Bartolomé Leonardo de Argensola en su libro titulado Conquista de las Islas Malucas publicado en 1609 redacta un fiel testimonio de los viajeros que se adentraban en los nuevos territorios. Entre los relatos podemos encontrar testimonios de encuentros con indígenas de elevada estatura como los que siguen:

"...Francisco Draque,... pasó al Río de la Plata, y en la Bahía de San Julián, desabrigada y expuesto a vientos frigidísimos (está en cincuenta grados) se entretuvo varios meses invernando... aquí aparecerieron ocho Indios gigantes que dejaban bajo al más alto Inglés: mostraban sus arcos y flechas. Uno de los Ingleses que también se preciaba de aquellas armas, violando la paz de la comunicación, tiró a un Indio una saeta de que cayó atravesado. Flecharon de presto los otros, para vengar al compañero, y mataron dos Ingleses; todos ellos ya en descubierta guerra, embistieron a los Indios; pero ellos huyeron con tanta ligereza, que a los ojos de los Ingleses que esto escribieron, no estampaban las plantas."

Antonio Pigafetta, cronista del viaje de Magallanes narra el encuentro de la tripulación con unos indígenas que destacaban por su estatura en las proximidades de la Bahía de San Julián en 1520. Estos indígenas destacaban precisamente por alcanzar casi los dos metros de altura y las huellas que dejaban en el suelo llamaban la atención por llevar envueltos los pies en pieles haciendo que éstas apareciesen aún más grandes.

"... Cierto día, cuando por fin se hicieron sentir los primeros y tímidos indicios de la primavera austral, vimos llegar a un indígena, el primero que teníamos ocasión de contemplar. Era gigantesco, y sus pies nos parecieron tan desmesurados que uno de nuestros hombres lo apodó Patagón. Conseguimos apaciguarlo poco a poco y su desconfianza desapareció hasta tal punto que nos presentó al resto de los miembros de su tribu, que eran tan grandes como él e igual de voraces..."

Cumpliendo con las órdenes que recibieron de la Casa de la Contratación procedieron a llevarse consigo a dos de ellos en una de las naves pero no pasaría mucho tiempo hasta que muriesen de frio, hambre, enfermedad y tristeza siguiendo el mismo destino que otros muchos hombres de la tripulación. El propio Antonio Pigafetta se hizo cargo de atenderlos y procurarles comida y cuidados hasta el final.

Antonio Pigafetta dejó constancia de estos hechos en su libro "Notizie del mondo nuovo con le figure de paesi scoperti descritte da Antonio Pigafetta vicentino, cavaglieri di Rodi" escrito hacia 1525 en un italiano mezclado con dialecto veneciano y con español. Éstos son algunos de sus testimonios de primera mano:

"Stessimo 13 giorni in questa terra. Seguendo poi il nostro cammino andassemo fino a 34 gradi e uno terzo al polo Antartico, dove trovassemo, in uno fiume de acqua dolce, uomini che se chiamano Canibali e mangiano la carne umana. Venne uno de la statura quasi come uno gigante nella nave capitania per assicurare li altri suoi. Aveva una voce simile a uno toro. Intanto che questo stette ne la nave, li altri portorono via le sue robe dal loco dove abitavano, dentro de la terra, per paura de noi. Vedendo questo, saltassimo in terra cento uomini per avere lingua e parlare seco, ovvero per forza pigliarne alcuno. Fuggitteno, e fuggendo facevano tanto gran passo che noi saltando non potevamo avanzare li sui passi. In questo fiume stanno sette isole. Ne la maggior de queste se trova pietre preziose, che si chiama Capo de Santa Maria..."

Más adelante continua narrando:

"...Quivi stessemo dui mesi senza vedere persona alcuna. Un dì a l'improvviso vedessemo un uomo, de statura de gigante, che stava nudo ne la riva del porto, ballando, cantando e buttandose polvere sovra la testa. Il capitano generale mandò uno de li nostri a lui, acciò facesse li medesimi atti in segno di pace, e, fatti, lo condusse in una isoletta dinanzi il capitano generale. Quando fu nella sua e nostra presenzia, molto se meravigliò e faceva segni con un dito alzato, credendo venissemo dal cielo. Questo era tanto grande che li davamo alla cintura e ben disposto: aveva la faccia grande e dipinta intorno de rosso e intorno li occhi de giallo, con due cuori dipinti in mezzo delle galte. Li pochi capelli che aveva erano tinti de bianco: era vestito de pelle de animale coside sottilmente insieme; el quale animale ha el capo et orecchie grande come una mula, il collo e il corpo come uno camello, le gambe di cervo e la coda de cavallo; e nitrisce come lui: ce ne sono assaissimi in questa terra... ...Di lì a 6 giorni fu visto uno gigante, depinto e vestito de la medesima sorte, da alcuni che facevano legna. Aveva in mano un arco e frezze. Accostandosi a li nostri, prima se toccava el capo, el volto e el corpo, e il simile faceva a li nostri, e dappoi levava le mani al cielo. Quando el capitano generale lo seppe, lo mandò a torre con lo schifo e menollo in quella isola che era nel porto, dove avevano fatta una casa per li fabbri e per metterli alcune cose de le nave. Costui era piú grande e meglio disposto de li altri e tanto trattabile e grazioso. Saltando ballava e, quando ballava, ogni volta cacciava li piedi sotto terra un palmo. Stette molti giorni con noi, tanto che 'l battizzassemo, chiamandolo Giovanni. Costui chiaro pronunziava Gesú, Pater Noster, Ave Maria e Giovanni come noi, se non con voce grossissima. Poi el capitano generale li donò una camisa, una camisotta di panno, braghesse di panno, un bonet, un specchio, uno pettine, sonagli e altre cose e mandollo da li sui. Ghe li andò molto allegro e contento. Il giorno seguente costui portò uno di quelli animali grandi al capitano generale, per il che li dette molte cose acciò ne portasse de li altri: ma piú nol vedessimo. Pensassimo [che] li suoi lo avessero ammazzato per aver conversato con noi.Passati 15 giorni, vedessemo quattro de questi giganti senza le sue armi, perchè le avevano ascose in certi spini: poi li due che pigliassemo ne le insegnarono."

Un dato curioso nos llega de la mano mismo de Antonio Pigafetta en su manuscrito. Durante la travesía, Pigafetta, aprovechó para tomar nota de parte del vocabulario empleado por los gigantes patagones en un intento por comprender su lengua. Y éste es el resultado:

VOCABOLI DE LI GIGANTI PATAGONI

Al capo = her, All'occhio = other, Al naso = or, Alle ciglia = occhechel, Alle palpebre = sechechiel, A li busi del naso = oresche, A la bocca = xiam, A li labbri = schiahame, A li denti = phor, Alla lingua = schial, Al mento = sechen, A li peli = archiz, Al volto = cogechel, A la coppa = schialeschin, A la gola = ohumez, A le spalle = pelles, Al gomito = cotel, A la mano = chene, A la palma de la mano = caimeghin, Al dito = cori, A le orecchie = sane, Sotto al braccio = salischin, A la mammella = othen, Al petto = ochii, Al corpo = gechel, Al membro = sachet, A li testicoli = sacancos, A la natura delle donne = jsse All'usar, con esse = jo hoi, A le cosce = chiane, Al ginocchio = tepin, Al culo = schiaguen, A le culatte = hoij, Al brazzo = maz, Al polso = holion, A le gambe = coss, Al piede = thee, Al calcagno = tere, A la caviglia del piè = perchi, A la sola del piè = caotscheni, A le unghie = colim, Al core = thol, Al grattare = gechare, A l'uomo guercio = calischen, Al giovane = calemi, A l'acqua = holi, Al fuoco = ghialeme, Al fumo = giaiche, Al no = ehen, Al sì = rey, A l'oro = pelpeli, A le pietre azzurre = secheg, Al sole = calexcheni, Alle stelle = settere, Al mare = aro, Al vento = oni, A la fortuna = ohone, Al pesce = hoi, Al mangiare = mechuiere, A la scodella = elo, A la pignatta = aschanie, Al domandare = ghelbe, Vien qui = hai si, Al guardar = chonne, A l'andar = rey, Al combattere = oamaghce, A le frezze = sethe, Al cane = holl, Al lupo = ani, A l'andar longe = schien, A la guida = anti, A la neve = theu, Al correre = hiam, Al struzo uccello = hoihoi, A la polvere d'erba che mangiano = capac, A li sui = om jani, A l'odorare = os, Al pappagallo = cheche, A la gabiota uccella = cleo, Al misiglion = siameni, Al panno rosso = torechai, Al bonnet = aichel, Al colore negro = ninel, Al rosso = taiche, Al giallo = peperi, Al cucinare = yrocoles, A la cintura = cathechin, A l'oca = cache, Al diavolo grande = Setebos, A li piccoli = Cheleule.

Otro testimonio de Argensola lo cuenta de la navegación que Pedro Sarmiento de Gamboa, Caballero de Galicia le llevó a la Isla que bautizó como de la Cruz, al pasar cerca de ésta la reacción de los indios que formaban la tripulación de la nave fue como sigue:

"...poblado de millares de islas. Pasaron a la vista de una, vieron humos altos, y los Indios cautivos comenzaron a llorar y se entendió que era de temor de los naturales de la tierra; significaron que eran gigantes y peleaban mucho. Los nuestros los aseguraron, haciéndolos capaces, para que entendiesen que podrían más que ellos."

Esta isla fue conocida anteriormente por otros navegantes y cierto capitán de navío ya había bautizado ésta con el nombre de isla de los Césares. Estas tierras eran ya conocidas como Tierras de Gigantes. El mismo Sarmiento de Gamboa da conocimiento de otro encuentro con estos personajes en algún punto del Estrecho de Magallanes:

"...en una ensenada cubierta de yerba blanca; surgieron en la punta, sobre la cual pareció una compañía de Gigantes, que les dieron voces, levantando las manos desarmadas. Imitaron los nuestros sus mismas acciones, que de ambas partes significaban paz. Llegados al batel, guardado de diez arcabuceros, saltó luego el Alférez en tierra con otros cuatro; los Gigantes le señalaron que dejase la jineta, y mostrole los rescates y dávidas que les quería presentar... pareciéndoles a los nuestros que aquel recelo presuponía escarmiento, suponiendo que lo debió causar el daño que habían recibido del corsario inglés, para saberlo enteramente, embistieron diez de los nuestros con uno de los Gigantes, y le prendieron, más con dificultad le conservaron; los demás, arremetiendo por sus armas, fueron sobre los Españoles tan presto, que apenas les dieron tiempo para volverse al batel...El Indio preso era entre los Gigantes gigante, y dice la relación que les pareció Cíclope; consta por otras, que tiene cada uno de éstos más de tres varas de alto, y en esta proporción son altos y robustos. Puesto en la nave quedó tristísimo, y aunque le ofrecieron regalos, aquel día no aceptó ninguno."

La altura que dicen los relatos que podían alcanzar estos gigantes rondaría los 2 metros y medio pero esta estaura no les impedía disfrutar de una agilidad asombrosa como lo demuestran distintas narraciones. La singladura de la nave de Sarmiento le llevaría a toparse una vez más con Gigantes en otra de las islas a la que llamó Isla de Nuestra Señora del Valle:

"...y sin provocarlos con ofensa, antes habiendo recibido de los nuestros aquellos dones, comenzaron con ira súbita a herirlos: al General, de dos flechas en un lado y entre los dos ojos; a otro soldado le sacaron uno; los demás defendiéndose con las rodelas, arremetieron a ellos; pero huyendo los Gigantes la tierra adentro, tan ligeros, que no los alcanzara la bala de un arcabuz. Según este acto, no parece impropia la cobardía que aplican a sus Gigantes los escritores de los libros fabulosos, que llaman vulgarmente de caballería..."

Los primeros colonos escucharon narraciones de antiguas tradiciones peruanas que cuentan como la costa de este país fue invadida en tiempos remotos por "hombres de gran talla" que portaban armas metálicas. Y que, según muchas tradiciones, la llegada de estos gigantes a muchas costas de américa se hizo, como los europeos, por mar. Se les atribuyeron grandes conocimientos en el arte, metalúrgia, agricultura, arquitectura... a excepción de las algunas "razas" que habitaron parte del continente, éstos hacían gala de una violencia inusitada, de un escaso desarrollo cultural y un siniestro aspecto.

En su libro "La Antigua o Baja California", el religioso jesuita Xabier Clavijero nos deja un asombroso documento que creo merece la pena leer con atención pues es muy relevante a la vez que plantea muchas dudas razonables:

"«...Poco diferentes de las citadas bestias eran en la manera de vivir los salvajes habitantes de la California. Pero atendiendo a los pocos vestigios de antigüedad que allí han quedado, es fácil persuadirse que aquella península estuvo antes habitada por gentes menos bárbaras que las que hallaron en ella los españoles; porque los jesuitas, en los últimos años que estuvieron allí, descubrieron en los montes situados entre los 27° y 28° de latitud, varias cuevas grandes cavadas en piedra viva, y en ellas pintadas figuras de hombres y mujeres decentemente vestidas, y de diferentes especies de animales. Estas pinturas, aunque groseras, representan distintamente los objetos, y los colores que para ellas sirvieron, se echa de ver claramente que fueron tomados de las tierras minerales que hay en los alrededores del volcán de las Vírgenes. Lo que más admiró a los misioneros fue que aquellos colores hubieran permanecido en la piedra por tantos siglos sin recibir daño alguno ni del aire ni del agua. No siendo aquellas pinturas y vestidos propios de las naciones salvajes y embrutecidas que habitaban la California cuando llegaron a ella los españoles, pertenecen sin duda a otra nación antigua, aunque no sabemos decir cual fue. Los californios afirman unánimemente que fue una nación gigantesca venida del Norte. Yo no pretendo que se le dé crédito a esta tradición; pero ciertamente no puede dudarse que haya habido allí antiguamente algunos hombres de desproporcionada talla, como se infiere de varios huesos humanos exhumados por los misioneros. Entre otros el padre José Rotea, misionero de Kadakaamang, hombre curioso, exacto y sincero, habiendo sabido que en un lugar de su misión llamado ahora San Joaquín, había un esqueleto gigantesco, mandó cavar, y halló efectivamente todo el espinazo, aunque con las vértebras ya desunidas, una canilla, una costilla, varios dientes, y señaladamente un gran fragmento del cráneo. Pudo haberse hallado todo el esqueleto si un torrente vecino no hubiera corroído el suelo y arrancado de allí algunos huesos. La costilla, aunque no estaba entera, tenía todavía como dos pies de larga. La canilla no pudo medirse,
porque se rompió al sacarla. Considerada pues la magnitud del cráneo medido el lugar que ocupaba todo el esqueleto y comparadas sus vértebras con las de un esqueleto común, se cree que el hombre a quien pertenecieron aquellos huesos tenía casi once pies de altura"

Muchos de estos testimonios han sido tomados durante mucho tiempo como meras invenciones o en el mejor de los casos fruto de una simple ingnuidad por parte de los narradores. El caso de Antonio Pigafetta ha sido un clásico durante casi 500 años, nadie se planteaba seriamente la existencia de los gigantes patagones de los que habla en su libro. Hasta que en 1962, en las proximidades de los picos conocidos como las Torres del Paine, durante los trabajos agrícolas realizados en la zona surgen de la tierra unos extraños restos que resultaron ser humanos y pertenecientes a un túmulo funerario familiar cuya antiguedad fue datada en unos 500 años. Los restos de hombres de entre los 2,80 y los 3,20 metros han venido a poner fin a todas las dudas y recelos que este narrador contemporáneo de la conquista había suscitado todo este tiempo, hoy no existe duda alguna; los gigantes patagones existieron.

¿Una forma de infundir terror por parte de los dueños de esa tierra a los recien llegados conquistadores con historias increibles?, ¿meras exageraciones?, ¿errónea interpretación de los restos de antiguos animales?, ¿desbordada imaginación de los exploradores?...
Avatar de Usuario
Jose Vergara
Administrador del Sitio
 
Mensajes: 1042
Registrado: 26 Feb 2008, 00:50

COMENTARIOS A LOS DISTINTOS TEXTOS DE LAS CRONICAS

UNREAD_POSTpor Jose Vergara » 30 Abr 2009, 16:25

COMENTARIOS A LOS DISTINTOS TEXTOS DE LAS CRóNICAS SOBRE GIGANTES EN EL DESCUBRIMIENTO

AUTOR: Jesús H. Antelo
FUENTE: Gigantes: mito, leyenda o realidad

Por Sandro A. Patrucco.Pontificia Universidad Católica del Perú

En nuestra época, la Historia de lo imaginario nos ha permitido estudiar las fluctuaciones que presenta la frontera que separa lo real de lo imaginario a través del tiempo y acceder a las fantasías, sueños, esperanzas y temores de los hombres del pasado, lo cual hubiera sido prácticamente imposible medio siglo atrás, es decir antes del surgimiento de esta corriente.

Las crónicas de Indias que, durante algún tiempo se las creyó agotadas, se nos presentan hoy como un campo virgen al que acuden numerosos historiadores de la mentalidad, psicohistoriadores e historiadores de lo imaginario. Intentando avanzar por este camino, procuramos analizar un pequeño aspecto de estas narraciones, y ver el encuentro de gigantes en la época del descubrimiento. Debo advertir que que esta ponencia es solo el avance de una investigación mayor.

¿Por qué resulta interesante ver las crónicas desde esta prespectiva?. Tal vez la respuesta más adecuada sea porque a diferencia de otros creadores intelectuales, el cronista en su gran mayoría es un hombre que participa del descubrimiento y la conquista americana, así no es raro encontrar al cronista soldado que, con burdo pero expresivo arte, describe desde el campamento militar, entre jornada y jornada, las primeras impresiones del nuevo territorio, o más adelante al cronista funcionario que alterna su labor burocrática con la elaboración de su crónica. Estos dos ejemplos entresacados de un vasto universo nos demuestran cómo lo imaginado por estos hombres es en gran medida lo mismo que la gente de su época creía y fabulaba, pues ellos, no por ser cronistas dejaron de ser hombres de su tiempo.

La figura del gigante es común a muchas culturas, y desde épocas muy antiguas. Así entre los mitos de la India encontramos varios ejemplos. La planta llamada Soma, productora del nectar dorado, brebaje de los dioses, era representada como un gigante, Balí, quien protegió a Vichnú en su quinto descenso cuando había tomado la apariencia de un enano, y aún en la actualidad se espera el regreso de Buda en la décima encarnación cuando vendrá a la tierra convertido en el gigante hipocéfalo Kalkín.

Tampoco fue ajena a los griegos la idea de los gigantes, así vemos en la Teogonía de Hesiodo la narración de la Titanomaquia donde se cuenta la lucha de Zeus contra los Titanes; más adelante encontramos la creencia en los gigantes de Dolia contra los cuales se dice que luchó Hércules.; no menos gigantesco era Talo guardian de las leyes que llevaba grabadas en su pecho de bronce, el cual calentaba al rojo vivo para estrechar en un candente abrazo mortal a los que desobedecían dichas normas. En la Odisea aparecen también los gigantes, hallamos así que Alcinoo se creía descendiente de los Cíclopes y la "salvaje raza de los gigantes" y más adelante se menciona todo el episodio de Ulises en la isla de los cíclopes.

Tampoco es extraña la idea al pueblo hebreo pues encontramos numerosas referencias en la Biblia, así se habla de los Hijos de Enac, de la raza de los gigantes" y en el Deuteronomio se dice:

"Antiguamente habitaban allí los emios, pueblo grande, numeroso y de alta estatura, como los enaceos, se les tenía por gigantes..."

y se añade:

"Og rey de Basán, era el último sobreviviente de la raza de los gigantes. En Rabat, ciudad de los amonitas, se muestra su cama de hierro, la cual tiene nueve codos de largo y cuatro de ancho en codos corrientes"

Sin embargo, el más conocido de los pasajes bíblicos referidos a este tema es el de Goliat:

"Salió de entre las filas filisteas un guerrero llamado Goliat. Era de la ciudad de Gat y medía alrededor de tres metros de altura, toda su armadura y sus armas eran de bronce; el casco que llevaba en la cabeza, la coraza de escamas de que iba revestido y que pesaba sesenta kilos, las polainas que cubrían sus piernas y la lanza que cargaba a su espalda."

En la mitología germánica vemos una importante tradición al respecto, el gigante Imer nacido de las gotas tíbias del hielo primigenio fundido, era considerado el primero de los seres vivientes, y padre a su vez de la raza de los gigantes, raza caracterizada por su vigor insólito y su violencia vesánica. Enfrentados contra Odín fueron todos muertos por éste y los demás dioses, salvando solo una pareja Bergelmir y su esposa quienes engendraron una nueva raza de gigantes y que trajeron nuevas desgracias al mundo, pues la codicia, la avaricia y la corrupción procedían de ellos.

En la literatura latina, no dejan aparcer una serie de alusiones a los gigantees, pero resulta más interesante aún el hallar entre los "científicos" romanos menciones de gigantes, así Plinio luego de mencionar algunos casos como el de los etíopes y el de los Trogloditas, formula la teoría según la cual los gigantes son raros representantes de una antigua raza humana, de la cual nosotros, especímenes degenerados, también descendemos. Algunos teólogos cristianos entre ellos Agustín de Hipona, retoman la idea. Durante la Edad Media la idea que venimos tratando se funde en la mentalidad popular y la figura del gigante aparece en mitos y leyendas diversas como el caso de los gigantes londinenses Og y Magog, así también como en las novelas de caballerías y otros relatos. Simultaneamente, en el mundo musulmán circulan colecciones de relatos, como los Cuentos de las Mil y Una Noches, donde también aparecen relatos de seres de dimensiones descomunales.

Es interesante señalar que miéntras en América los conquistadores veían a los gigantes en sus expediciones, en España, Alonso Quijano recorría los parajes de la Mancha confundiendo a los molinos de viento con gigantes. Si Cervantes puso este ejemplo de la alineación del Quijote era porque la idea estaba profundamente insertada en la imaginación popular.

Desde los primeros momentos del Descubrimiento, la antigua tradición europea que hablaba sobre los gigantes, empezó a encontrar su correlato en América. Así en la tierra de Chicora cercana al cabo de Santa Elena en la conquista de Centro América, en la región llamada Duhare, los españoles entraron en contacto con los gigantes. Cuenta Pedro Mártir de Anglería:

"Dejando, pues, a Chicora, fueron al otro lado de aquel golfo y aportaron en la región llamada Duhare. Los naturales de aquí dice Ayllón que son blancos, y lo afirma el moreno Francisco Chicorano, y tienen pelo rubio que les llega hasta los talones; tienen un rey de talla gigantesca, que se llama Dathá y cuentan que no es mucho menor que él su mujer la reina: cinco hijos les han nacido. En vez de caballos, se sirve el rey de jóvenes altos, que, en hombros le llevan corriendo y le vuelven a donde le agrada."

Es interesante señalar en este pasaje que aparte de la existencia de hombres de mayor tamaño que el normal, se encuentra una diferenciación social en base a la estatura, la élite de la tribu, la familia real, supera en tamaño a los demás. Tal vez para el cronista esta diferencia le hiciera recordar las ilustraciones medievales y las categorías artístico-sociales que durante mucho tiempo representaban las jerarquías mediante las dimensiones de los personajes en las obras artísticas. Intrigados los descubridores por esta característica intentaron averiguar su causa, dice Herrera y Tordecillas:

"...preguntándoles como crecían tanto dixeron que les daban de comer morcillas rellenas de ciertas tierras encantadas. Otros decían que les estiraban bien los huesos quando niños i que después de ablandados con ciertas iervas cocidas, les volvían a estirar..."

Sin embargo, Gómara que cuenta la misma anécdota señala:

"assi lo contabann ciertos chicoranos que se bautizaron, pero creo que decían esto por decir algo, que por aquella costa arriba hombres hay muy altos y que parecen gigantes en comparación de otros."

Pedro Mártir de Anglería menciona también un encuentro con gigantes en una isla sin nombre de la Línea Equinoccial, señalando que "eran más altos que los germanos y los de Panoia". Luego de enfrentarse con los españoles:

"... huyeron ellos (durante la noche) abandonando los lugares que habían ocupado. Se piensa que son razas abulantes como los escitas, que sin casa fija siguen con sus mujeres e hijos a los frutos de la tierra. Los que han medido en la arena las huellas de los pies de aquellos, afirman con juramento que tienen casi el doble que los pies de un hombre regular de nosotros."

En este fragmento comienzan a vislumbrarse algunos elementos recurrrentes en la aparición de los gigantes, como la medición de huellas como medio de calcular la estatura, ello daría lugar más adelante al nombre de patagones. La característica de transhumancia de estos pobladores envuelve en un aura misteriosa a la tribu, que es comparada con casos europeos.

Para la época en que se llega a México, la imaginación española y los asideros que la realidad prestaba a la tradición de los gigantes, se conjugó con los propios mitos que los indígenas tenían sobre seres humanos de gran tamaño. Herrera menciona una tradición local:

"... y quando estas naciones poblaban los antiguos chichimecas no hicieron contradición, antes se estrañaban y se escondían en las peñas; pero los que habitaban de la otra parte de la Sierra Nevada, se pusieron a defender la tierra a los Tlascaltecas: i como eran Gigantes, según sus historias, quisieron hechar a los advenedizos; pero los Tlascaltecas fingieron paz con ellos: i teniéndolos combidados a un gran banquete, les hurtaron las armas, i dieron en ellos, i los mataron. Y quanto a que cuanto a que fuesen gigantes, ia se ha dicho, que oi se hallan huesos de hombres de increíble grandeza."

Este tipo de leyendas que circulaban en el México indígena parecían comprobarse con algunos hallazgos como el que anota el inventario del Quinto Real de los Despojos de México donde se dice "algunos huesos de gigantes que se hallaron en Cuhuacán", o la mención que realiza Diego de Ordáz:

"En la bóveda de un templo encontró un pedazo de hueso del muslo de un gigante, raído y medio carcomido por la antiguedad."

Y que más adelante tendría Pedro Mártir en sus manos:

"... el licenciado Ayllón jurisperito y uno de los senadores de la Española, llevó aquel muslo a la ciudad de Victoria poco después que Vuestra Beatitud marchó de allí para Roma. Yo le tuve en casa algunos días: tienen de largo cinco palmos desde el nudo del anca hasta el de la rodilla, y de recio en proporción."

Además de estos encuentros se supo por aquella época gracias a ciertos soldados que regresaban del sur:

"...los que Cortés envió a las montañas del sur volvieron diciendo que habían encontrado una región habitada por hombres de esos (Gigantes) y en prueba de ello dicen que trajeron muchas costillas de los muertos."

Toda esta conjunción de pruebas e indicios debe haber creado la idea prácticamente por todos aceptada de la existencia de aquellos seres en México. Encontramos así epístolas entre Fernández de Oviedo y el Virrey de Nueva España don Antonio de Mendoza, en las que se discute el origen de estos gigantes, sus parecidos y lugares donde se encuentran.

"Cuanto a lo que Vuestra Señoría dice de la relación que me enviaron de Venecia del origen de esa gente ser venida del Perú, e que tiene la opinión contraria , e que vino de la parte del norte, yo así lo pienso como lo dice Vuestra Señoría, e que esos de Nicaragua serían de la misma gente porque también son modernos, e los de la lengua Chorotega son los naturales; porque aunque hay muchas lenguas, estas dos parece que son las más generales; y desde ellos al levante no hay tales lenguas, a lo que yo he podido alcanzar."

Con la expedición de Magallanes y la búsqueda del Estrecho que permitiría cruzar del Atlántico al Pacífico y hallar la ruta por Oriente a la Especería. las Indias y el Catay, los españoles entraron en contacto con los patagones, tríbus nómadas y primitivas que llaman la atención entre otros motivos por su altura. Fernández de Oviedo menciona:

"... la una costa y la otra del Estrecho de Magallanes es habitada por gigantes a los cuales nuestros españoles les llamaron patagones por sus grandes pies; y que son de trece palmos de altura en sus estaturas y de grandísimas fuerzas, y tan veloces en el correr, como muy ligero caballo o más, y que comen carne cruda y el pescado asado y de un bocado de dos o tres libra, y que andan desnudos y son flecheros, y otras particularidades..."

Gómara describe el asombro mutuo que causó a los españoles y patagones su encuentro:

"Los indios se llegaron a la marina maravillados de tan grandes navios y de tan chicos hombres. Metíanse y sacábanse por el gargero una flecha para espantar los extrangeros, a los que mostraban, aunque dicen algunos que lo usan para vomitar estando hartos, y cuando han menester las manos o los pies. Tenían corona como clérigo..."

El primero en vivir entre los patagones fue el padre don Joan con algunos compañeros los cuales olvidados por los navíos, tuvieron que sobrevivir en tierras patagónicas. Al ser rescatados refirieron que:

"... e hallaron muchos ranchos e chozas de los patagones, que son hombres de trece palmos de alto, y sus mujeres son de la misma altura ... Dezia este padre don Joan, que el ni alguno de los cristianos que allí se hallaron no llegaron con las cabezas a sus miembros vergonzosos en el altor, con una mano, cuando se abrazaron; y este padre no era pequeño hombre, sino de buena estatura de cuerpo."

Estando más al sur, acomodados en una bahía cerca del Estrecho, la gente de Magallanes entró en contacto con los patagones de la región. Dice Herrera y Tordesillas:

"Al cabo de dos meses, que la armada estaba en aquella bahía parecieron seis indios, i llamaron, que querían ir a las naos de que la gente tuvo mucho placer. Fue el esquefe por ellos, y entrados en la Capitana, el General les mandó dar de comer una caldera de mazamorra, que hartara veinte hombres; pero los seis se la comieron toda, porque eran tan grandes, que el menor era maior, i más alto que el maior Hombre de Castilla... El siguiente día acudió otro con una danta: dixo que quería ser cristiano. Pusieronle por nombre Juan Gigante: i viendo echar a la mar ciertos ratones, dixo que se los diesen , que se los quería comer, i en seis días no hizo sino llevar a tierra quantos ratones se mataban, i al cabo no volvió más."

Intrigados por este contacto no vacilaron los españoles en entrar en la tierra y un grupo acompañado de algunos patagones llegó hasta sus aldeas:

"Vivían en ella (la cabaña) cinco gigantes y trece mujeres y muchachos; todos más negros de lo que requiere la frialdad de aquella tierra... Tomaron para traer a España la medida ya que no se podía la persona y tuvo once palmos de alto; dicen que hay de trece palmos, estatura grandísima y que tienen disformes los pies por lo cual les lleman patagones."

Gonzalo Fernández de Oviedo en su carta al Virrey de Nueva España señalaba que los patagones serían los que originaron esta raza de gigantes y que desde allí se habrían difundido a todo América. Al llegar a Perú los conquistadores entraron al igual que en México antiguas tradiciones referidas a la existencia de los gigantes. Especialmente interesante resulta el caso de los gigantes de la Punta de Santa Elena, donde las leyendas se confirman, a criterio del cronista, con la existencia de huesos al parecer humanos de dimensiones extraordinarias. Así ya en la temprana crónica de Diego de Trujillo se menciona que pasaron "a la Punta de Santa Elena a do estaban los huesos de los gigantes". Más adelante otro cronista de los primeros momentos de la conquista, Pero López, aunque confundiendo Santa Elena con una isla, por el tiempo de media entre los hechos y la redacción de su obra, nos dice:

"En esta isla de Santa Elena uvo jigantes y se ven casas grandes y edificios que hizieron espezial un pozo de mucha altura, el cual se entra por escalas como de... y los pasos uno de otro de un estado de hombre de ocho pies. Sus guesos de gran grandeza en sus casas y edificios parecen se hombres de grandes fuerzas. Fenezieron todos. Dizen los naturales queran todos varones y que las mujeres de la tierra no pidían tener ayuntamiento con ellos por ser extremos, el uno muy grande y el otro muy pequeño. Dizen los antiguos que llegaron allí, a su cuenta dellos, avrá zien años, y vinieron en juncos como galeras, aunque no de aquella hechura. Oi día ai maderos destos juncos en la isla y otras muchas antiguallas y cosas de sus manos hechas."

Apoyados en la existencia de los restos de los supuestos gigantes, los lugareños refirieron la historia a muchos de los que por allí pasaban convirtiéndose en una leyenda bastante conocida ya que es mencionada con algunas variantes por un buen número me cronistas, entre los que tenemos a Cieza de León, Fernández de Oviedo, López de Gómara, Zárate, Garcilaso, Gutiérrez de Santa Clara, etc. Es interesante señalar que la leyenda inicial que a mi parecer debe haber sido relatada originalmente de una forma similar a la de la versión de Pero Sancho, fue tiñéndose de contenidos occidentales. El caso puede ser interesante para estudiar el surgimiento de la creencia sobre un tema fantástico, tal vez en otras leyendas semejantes se pueda encontar un proceso similar al que veremos. Cuenta Garcilaso sobre esta historia:

"... será bien demos cuenta de una historia notable y de gran admiración que los naturales della por tradición de sus antepasados, de muchos siglos atrás, de unos gigantes que dizen fueron por la mar a aquellas tierras y desembarcaron en la punta que llaman Santa Elena: llamáronla así porque los primeros españoles la vieron en su día..."

Zárate cuenta:

"Junto a la punta dicen los indios de la tierra que habitaron unos gigantes cuya estatura era tan grande como cuatro estados de un hombre mediano. No declaraban de qué parte vinieron."

Gutiérrez de Santa Clara, quien nos proporciona la versión más elaborada, señala que:

"...cuando reinaba Topa Inga yupangue, que estando aquella tierra de paz se alborotó toda ella con la llegada que hicieron mucha cantidad de indios gigantes, que eran de disforme altura y grandeza. Y que estos tales vinieron en unas barcas o balzas muy grandes, hechas de cañas y maderas secas, los cuales traían unas velas latinas triangulares, de hacia la parte donde se pone el sol y de hacia las Islas Malucas o del Estrecho de Magallanes..."

Y añade más adelante:

"Dieron cuenta estos gigantes a los naturales de estas tierras de como habían salido de unas islas y tierras muy grandes que están en la mar austral hacia el poniente, y que fueron hechados dellas por un gran señor indio que allí había, que eran tamaños y tan grandes de cuerpos como ellos. Y además de esto, que habían navegado por la mar muchos días a remo y vela, y que cierta tormenta y borrasca los había echado en aquellas partes..."

Cieza de León, señala sobre su tamaño:

"... que tenían tanto uno de ellos de la rodilla abajo como un hombre de los comunes en todo el cuerpo, aunque fuese de buena estatura, y que sus miembros conformaban con la grandeza de sus cuerpos, tan disformes, que era cosa monstruosa ver las cabezas, según eran grandes y los cabellos; que les llegaban a las espaldas. Los ojos señalaban eran tan grandes como pequeños platos. Afirman que no teían barbas, y que venían vestidos algunos de ellos con pieles de animales y otros con la ropa que les dió natura, y que no trajeron mujeres consigo."

Zárate nos dice:

"... manteníanse de las mismas viandas de los indios, especialmente pescado porque eran grandes pescadores; a lo cual iban en balsas, cada uno en la suya, porque no podían llevar más, como navegar tres caballos en una balsa; apeaban la mar en dos brazas y media; holgaban mucho en topar tiburones y bufeos, o otros peces muy grandes, porque tenían qué comer; comían cada uno más que treinta indios, andaban desnudos por la dificultad de hacer vestidos."

Refiere Cieza de León que luego de asentarse en Santa Elena se les presentó el problema:

"como no hallaran agua, para remediar la falta que de ella sentían hicieron unos pozos hondísimos; obra por cierto digna de memoria, hecha por tan fortísimos hombres como se pensase que serían aquellos, pues era tanta su grandeza. Y cavaron estos en la peña viva hasta que hallaron el agua, y después los labran desde arriba de piedras de tal manera que manera que durara muchos tiempos y edades; en los cuales; en los cuales hay buena y sabrosa agua y siempre tan fría que es gran contento beberla."

Pero su llegada al lugar pronto engendró problemas con comarcanos, prescindiendo de la versión de Gutiérrez de Santa Clara quien nos narra toda una intriga diplomática, digna de la Italia Renacentista, entre la gente del cacique del valle del Chimo, el Inca y los gigantes, prestaremos oidos a la versión de Zárate:

"Eran tan crueles que sin causa alguna mataban muchos indios de quien eran muy temidos..."

Continúa Cieza de León:

"... todo el mantenimiento que hallaban en la comarca de tierra que ellos podían hallar lo destruían y tanto dicen qeu unos de ellos comían más viandas que cincuenta hombres de los naturales de aquella tierra; y como no bastare la comida que hallaban para sustentarse mataban muchos pescado en el mar con redes y aparejos que según razón tendrían. Vivieron en gran alrrecimiento de los naturales, porque por usar con sus mujeres mataban y a ellos hacían lo mismo por otras causas. Y los indios no se hallaban bastantes para matar a esta nueva gente que habían venido a ocuparles la tierra y señorío, aunque se hicieron grandes juntas para platicar sobre ello; pero no les osaron acometer."

Ni las comitivas del Inca o de los curacas del valle de Chimo lograron calmarlos. Mientras tanto el pecado hizo su aparición entre los gigantes. Continúa Cieza de León:

"Pasados algunos años estando todavía estos gigantes en esta parte, como les faltase mujeres y las naturales no las cuadrasen por su grandeza o porque sería el vicio usado entre ellos, por consejo y inducimiento del maldito demonio, usaban unos con otros el pecado nefando de la sodomía, tan gravísimo y horrendo; y el cual usaban y cometían pública y descubiertamente, sin temor a Dios y poca verguenzas de si mismos. Y afirman todos los naturales que Dios nuestro señor, no siendo servido de disimular pecado tan malo, les envió el castigo conforme a la fealdad de su pecado. Y así dicen que, estando todos juntos en su pecado de sodomía, vino fuego del cielo temeroso y muy espantable, haciendo gran ruido, del medio del cual salió un angel resplandeciente con una espada tajante y muy refulgente, con la cual de un solo golpe mató a todos y el fuego los consumió, que no quedó sino algunos huesos y calaveras que paraa memoria del castigo quiso Dios que quedara sin ser consumidas por el fuego."

Hasta acá la leyenda, pero resulta aún más interesante el examinar los testimonios que dan los españoles sobre los restos que fueron encontrados. Dice Gómara:

"Gigantes dicen que hubo (en el Perú) en tiempo de los antiguos cuyas estatuas halló Franciso Pizarro en Puerto Viejo, y diez o doce años después se hallaron muy lejos de Trujillo grandísimos huesos y calaveras con dientes de tres dedos en gordo y cuatro en largo que tenían un verdugo por fuera y estaban negros; lo cual confirmó la memoria que de ellos anda entre los hombres de la costa."

Cuenta Zárate:

"Y con todo esto nunca se dió entero crédito a lo que los indios decían cerca de estos gigantes, hasta que siendo teniente de gobernador de Puerto Viejo el capitán Juan Olmos, natural de Trujillo, en el año 1534 y oyendo todas estas cosas hizo cavar en aquel valle, donde hallaron costillas y otros huesos, que si no parezían juntas las cabezas no parecía creible ser de seres humanos; y así hecha la averiguación y vistas las señales de los rayos de las peñas, se tuvo por cierto lo que los indios decían; y se enviaron a diversas partes de Perú algunos dientes que allí se hallaron, que tenía cada unos tres dedos de hancho y cuatro de largo. Tienen por cierto..."

La leyenda de los gigantes de Santa Elena me parece un interesante ejemplo dentro del que podemos analizar como una historia local va tiñéndose de elementos fantásticos y va enriquecíendose paulatinamente. Al parecer, inicialmente, debió haberse parecido más a la versión que relata Pero Pérez, pero en las sucesivas refundiciones la imaginativa historia aborigen fue tomando más cuerpo hasta verse enteramente impregnada de elementos occidentales que va desde las intrigas diplomáticas de los señoríos cercanos con el grupo de gigantes, hasta el exterminio bíblico a consecuencia de su pecado contra la naturaleza. Es posible que muchas de las leyendas fantásticas que surgieron en América hayan tenido un desarrollo similar, pero lamentablemente no ha quedado este proceso tan bien graficado como en el presente caso.

Para concluir con esta ponencia, me gustaría esbozar algunas ideas respecto al encuentro de los conquistadores con los gigantes americanos. Debemos patie de los hechos concretos. Al llegar a América, los españoles hallaron dos elementos primordiales para el inicio del mito, gente de una estatura realmente mayor a la normal en Europa y huesos y restos de descomunal medida, probablemente de paleofauna americana, que indujeron a pensar en la existencia de seres gigantescos sobre los que se tejió algunas historias. Sin embargo, debemos señalar que esto no es suficiente de por sí, para crear la titanomaquia americana, hay que recalcar que es indispensable otro elemanto para llevar a las personas a tales razonamientos y es toda la impronta del gigante en la cultura occidental, fuertemente arraigada desde la antiguedad como hemos podido ver en la primera parte del trabajo. Estos ellementos subyacentes que podríamos calificar de incosciente colectivo no van a esperar mucho para aflorar con el primer asidero que les preste la realidad misteriosa de América.

Los gigantes simbolizan también para el conquistador los temores que tienen que enfrentar en su empresa y al mismo tiempo el peligro que valientemente han encarado y que será vanidosamente publicado al regreso de su expedición.

Bibliografía: De "Historia y Cultura", 1991-92 nº21, por Sandro Patrucco. "Conquista de las Islas Malucas", 1992, de Bartolomé Leonardo de Argensola. Biblioteca de Viajeros Hispánicos. "Yo, Magallanes, caballero portugués..." de Yvon Mauffret, ed. Anaya-1988."Notizie del mondo nuovo con le figure de paesi scoperti descritte da Antonio Pigafetta vicentino, cavaglieri di Rodi" de Antonio Pigafetta, 1525 aprox.
Avatar de Usuario
Jose Vergara
Administrador del Sitio
 
Mensajes: 1042
Registrado: 26 Feb 2008, 00:50

GIGANTES: DISNASTÍA DE REYES Y GUERREROS.

UNREAD_POSTpor Jose Vergara » 30 Abr 2009, 16:26

GIGANTES: DISNASTÍA DE REYES Y GUERREROS.

AUTOR: Jesús H. Antelo
FUENTE: Gigantes: mito, leyenda o realidad

Son los "héroes famosos muy de antiguo", los hebreos les sitúan en un tiempo anterior al diluvio donde dominaban gran parte de la tierra. De ellos se decía que eran un pueblo de alta talla y diestros en la guerra. Después del diluvio siguieron entre nosotros pues según la tradición hebrea las mujeres de los hombres dieron a luz a su descencia de la que nacerían los verdaderos héroes conocidos desde la antiguedad. El profeta Enoch aclara que la primera aparición de estos gigantes la habían hecho en forma de espíritu entre los mortales y que cuando tomaron por esposas a las mujeres de los hombres de éstas nacerían los gigantes de carne y hueso que más tarde estarían llamados a liderar pueblos y combatir como los mejores guerreros.

Otro ejemplo de cómo la mitología, esta vez Celta, sitúa la aparición de una antiquísima raza de gigantes conocidos como los Formoria o Fomoré en los albores de la humanidad. Y de la unión de dos pueblos, los Fomoré y los Thuata de Dannan nacen los héroes, guerreros y semidioses; Lug es el primero de esta estirpe.

También son muchas las mitologías que aluden al mar como el medio por el cual una raza de hombres de elevada estatura y fabulosos combatientes hacen aparición por primera vez entre los hombres antes de fundirse las dos razas. La mitología escandinava habla de los gigantes de los hielos venidos por mar, tradiciones germánicas, esquimales, etc sitúan su morada o procedencia del mar y de los océanos. En suramérica las tradiciones hablan de razas de gigantes venidos del mar que desembarcaron en sus tierras en tiempos remotos. En muchas leyendas hacen aparición como piratas saqueadores.

Otra de las semejanzas entre muchas mitologías y leyendas es la de que estos gigantes estaban en posesión de conocimientos muy avanzados de metalurgia, agricultura, ganadería, arquitectura y otras ciencias que muchos pueblos aseguran haber heredado de ellos. La existencia de numerosos restos megalíticos y restos de antiguas construcciones son a menudo asociados a una raza de gigantes en muy diversas partes del mundo.

A ambos lados del océano atlántico y en muy distintos pueblos estos gigantes venidos posiblemente del mar colonizaron buena parte de las tierras dejando tras de si un rosario de preguntas: ¿Quíenes eran?, ¿de dónde procedían?, ¿dónde se encuentran los restos de su cultura?. De lo que si podemos estar seguros es de que se trató de un pueblo bastante numeroso, conocedor de la navegación, la forja de los metales y del arte de la guerra. Otra curiosa coincidencia entre las muchas leyendas y tradiciones es que podemos encontrar una asociación muy directa entre los gigantes y las montañas. Parace como si una vez llegados por mar su principal objetivo fuese la rápida colonización de las tierras más altas que no siempre serían las más ricas y aptas para prosperar. En cambio, buscan quizá la protección de la montaña, de los lugares más altos y escarpados. ¿Un modo de protegerse del ataque de los hombres, un pueblo más numeroso que el suyo?, ¿buscaban protección contra los elementos, de otro "diluvio" tal vez?.

A estos interrogantes hay que añadir la posibilidad remota de que esta raza de gigantes tuviese una descendencia capaz de sobrevivir muchos siglos más tarde entroncada directamente con algunas antiguas dinastías de monarcas que ejercieron su poder y llenaron de gestas nuestras páginas de la historia. Reyes, caballeros y guerreros legendarios han sido dotados bien por sus enemigos o por quienes apoyaban su causa de estaturas muy elevadas... ¿meras exageraciones?, ¿se trata solo de leyendas?.

De la época de la invasión Celta en España arranca la leyenda de un juez druida llamado Laín Calvo, que más tarde daría lugar al nombre del pueblo que le dió sepultura, Villalaín, y del que se afirmaba tener una estatura colosal. Sus huesos fueron a reposar a la ermita románica de la Virgen de la Torrentera y según cuenta el cronista Pellicer; cuando se desenterró, su cuerpo aparecía incorrupto y la altura era propia de un gigante. Sigue narrando el cronista: al poco tiempo el cuerpo se desintegró ante sus ojos. En la historia, en el siglo IV, encontramos la primera comparación de un hombre con el poder de regir los destinos de una nación dotado de la talla de un gigante, es el caso de los emperadores romanos Maximino y Joviano. Y del mismo Julio César cuentan que: "fue varón excelente y distinguido entre los ilustres de su época. Amante del lujo y de la magnificencia, cuentan también los antiguos que se trataba de un hombre de elevada estatura, blanco de tez, bien formado, robusto, y de vivos ojos negros". Sin abandonar este siglo, Alejandro Magno, en su intento por conquistar la India se vió en una de las más reñidas batallas al tener que hacer frente al rey Poro del Punjab de quien se decía que era una especie de gigante. El testimonio de los cronistas no es ni mucho menos suficiente para asegurar que las estaturas a las que aluden fuesen así en realidad, pero hay más ejemplos...

Entre los siglos XI y XII reinaron en España dos monarcas, con sus feudos en Navarra, a los que también se les asoció por su estatura con verdaderos gigantes. Sancho VII fue apodado "El Fuerte" precisamente por tener una apariencia que llamaba poderosamente la atención.Sepulcro del Rey Sancho El testimonio esta vez del médico forense Luis del Campo parece confirmar que los restos del monarca se aproximaban a los 2,20 metros de altura que apunta desde siempre la "¿leyenda?". Según dicha leyenda, en el sepulcro que puede verse aun hoy en la Iglesia de la Virgen de Roncesvalles, la imagen esculpida sobre la tumba del Rey Sancho se trata de una estatua yacente a tamaño natural que mide aproximadamente 220 centímetros. Hoy, más de 900 años después, y durante las fiestas locales se saca a las calles, entre otras, una figura réplica del monarca. Poco más tarde, a Jaime I el Conquistador también la leyenda lo entroncó directamente con la sangre azul procedente de dinastías tan antiguas que procedían de los legendarios gigantes y se decía de él que poseía una estatura realmente importante para la época. También existen noticias de que alrededor del año 1195, mientras el rey Don Pedro intentaba tomar el reino de Valencia dominado por los moros, un gigante musulmán de nombre Zafra hacía estragos en la zona reconquistada y se cuenta que el Señor Molinés, vasallo del rey, fue quien dió muerte al gigante Zafra. Se dice de los musulmanes mercenarios conocidos por aquella época con el nombre de almogávares, en España, que:" eran de elevada estatura, bien proporcionados los miembros, ágiles y curtidos a la fatiga. Feroz el ademán, revuelta la cabellera. Los músculos parecían de acero". En un fragmento de crónicas medievales podemos encontrar un testimonio más que demuestra la existencia de estos gigantescos guerreros: "La onzena batalla ovo con un gigante moro que llamaban Farax, que era mucho espantable, que venía [a] demandar justa e fazer armas con christianos. E lo vençió en batalla uno por otro delante el rey don Alonso".

Muy extraño y polémico fue el caso de Teotobocus, rey de los cimbrios, cuyo cadáver de 25 pies de largo apareció enterrado en el Delfinado francés... Pese a que finalmente el hallazgo terminó en descrédito y olvidado, Nicolas Habicot, autor de la "Gigantosteologie o discours des os d'un geant" (1613), defendió denodadamente que en el sarcófago encontrado podían leerse inscripciones de "Teotobucus Rex", rodeado por cincuanta medallas con la efigie de Mario (Mario y Cátulo fueron legendarios enemigos del rey de Cimbria).

En la memoria popular perduró también el recuerdo, en forma de leyenda, de Fernán González, primer conde de Castilla, a quien se le vinculaba los orígenes de sus antepasados con gigantes. Se contaba de él que había sido educado por un mago y un enigmático ermitaño.

En el siglo VII, el Códice Calixtino, Libro IV, Capítulo XVII recoge una curiosa historia que se titula "Nájera; Rolando contra Ferragut". En esta leyenda se narra el encuentro de las tropas cristianas con un gigante sarraceno de nombre Ferragut de quien se decía procedía del linaje de Goliat. Hicieron falta varios caballeros para enfrentarse al gigante caballero del islam, pero fue Rolando quien valiendose de su fuerza, coraje y sabiduría fue capaz de sonsacar al gigante su único punto debil y vencerle clavándole un puñal cerca del ombligo.

Uno de los personajes históricos por excelencia de los siglos VII-VIII fue Carlomagno (Carlos I). Gigante en muchos aspectos de su vida también lo fue en estatura para su tiempo. Sus cronistas lo describían con una altura que podía alcanzar siete veces la medida de su propio pie. Y no exageraban, en absoluto, los exámenes forenses de sus restos confirman que en vida, el monarca, pudo alcanzar una estatura que oscilaba entre los 1,92 y los 2,40 metros, todo un gigante.Un dato curioso que nos llega es acerca de su voz, de un timbre más bien agudo, que parecía no estar muy acorde con su aspecto y es que no deja de recordarnos este detalle como ya el pueblo hebreo hizo referencia a un defecto, tara, o señal muy particular en la voz que caracterizaba a una raza de gigantes a quienes se llamó precisamente zonzomin (los murmurantes).

En el siglo XIV encontramos a otra leyenda en la persona de en un militar, diplomático y marino de origen chino. El almirante Cheng Ho, muy cercano a la realeza imperial China, destacó también con sus más de dos metros de altura y poseedor de "una piel rugosa como una naranja", tal como lo describen las crónicas de la época. La piel de los llamados gigantes fue también una característica que llamó poderosamente la atención en el pueblo hebreo y describen a determinadas razas de gigantes como poseedores de una piel muy característica, diferente a la considerada normal por su textura, brillo o tonalidad.

En América, durante la época de la colonización por los europeos, surgieron innumerables leyendas sobre gigantes y entre las cuales no pudo faltar una que habla sobre la existencia de un rey de tamaño gigantesco. Pedro Mártir de Anglería recogió la historia y nombró a un tal Datha, rey de un territorio ubicado en la zona llamada Dahare -cercana al Cabo Sta. Helena- y da testimonio de la colosal estatura tanto del rey como de su esposa y sus cinco hijos. La extraña apariencia de este pueblo recuerda una misteriosa semejanza con pueblos pertenecientes a la Europa del norte. Su piel clara y pelo rubio nos hace pensar en un más que posible contacto con vikingos en épocas anteriores a la llegada de los primeros colonizadores. ¿Se trata de los descencientes de una anterior colonización por parte de pueblos escandinavos?.¿Serán los vikingos el pueblo que aparece en muchas leyendas americanas como colonizadores que llegaron del mar ejerciendo en muchos casos la piratería?. ¿Son estos pueblos escandinavos los responsables de las leyendas prehispánicas sobre gigantes?.

Y es que el caso del continente americano guarda muchos interrogantes sobre estos seres. A las leyendas ya conocidas y los posibles restos de animales antediluvianos hay que añadir serias dudas que nos pondrían sobre la pista de que el continente ha sido visitado, de norte a sur, con anterioridad al "descubrimiento", por otras gentes... El investigador francés Robert Charroux, después de visitar la península de Paracas y contemplar en Atacama los gigantescos glifos que representan todo tipo de anilames y formas apuntó la posibilidad de que la autoría de semejantes contrucciones pudo deberse a una raza humana en extremo alta. Después de comtemplar, por ejemplo, al conocido como "gigante de atacama", un hombre de unos 120 metros de altura, representando a un posible chamán no es extraño que surgan con fuerza en nuestra mente todas las leyendas del pasado que hablan sobre gigantes que moraron en un pasado remoto por aquellas tierras.

Y cuando tenemos que hablar de gigantes y reyes, monarcas y guerreros los personaje de leyenda más significativos a los que tenemos que hacer referencia en América son sin duda Viracocha y Quezalcoatl. Viracocha, fundador de la ciudad de Tiahuanaco, hombre o semidios, de aspecto gigantesco de piel blanca y pelo rojo parece un claro ejemplo de hombre venido de otra cultura y perteneciente a otra etnia, poseedor y transmisor de conocimientos hasta entonces desconocidos por los pueblos indígenas. El caso de Quezalcoatl, el viajero que vino del Atlántico, no es muy distinto pues además de su aspecto simirlar al anterior también dejó los conocmientos necesarios para que prosperasen la agricultura con el cultivo de maiz y la construcción de pirámides por toda mesoamérica.

¿Fueron estos semidioses con aspecto de gigantes blancos, barbados y pelirojos los precursores de un pueblo colonizador llegado por mar?. Una respuesta la podemos encontrar en la historia del pueblo Paiute, antiguos habitantes de la Carolina. Este antiquísimo pueblo conserva leyendas en las que se cuenta cómo su pueblo se vió abocado a la guerra para expulsar de sus tierras a unos hombres muy altos, blancos, de pelo rojo... conocidos también por otras tribus como los Sitecah. Este pueblo de gigantes pelirojos fueron tenidos por buenos guerreros y muy beligerantes lo que sin duda ocasionó problemas con las tribus vecinas que según cuentan las leyendas se unieron para derrotarlos y echarlos de las tierras. La tragedia culminó con la matanza de los supervivientes en una cueva en la que se ocultaron para escapar de la masacre. Los Paiute, en coalición con otras tribus, al no conseguir sacarlos de su escondite decidieron prender fuego en la entrada de la cueva y acabar con la vida de los gigantes de esta forma.

Del pueblo Sitecah aun quedan por encontrar buena parte de los restos que dejaron en forma de construcciones y otros asentamientos. Según el pueblo Paiute, estos gigantes llegaron a construir edificaciones en forma piramidal en la zona conocida hoy como el Cañon de Nueva York en el condado de Churchill. Lo castigada que ha resultado la zona por terremotos y el largo tiempo transcurrido va a dificultar su localización. Otros restos como utensilios y huesos ya han sido localizados en 1931 en el lago Humbolt, momias pertenecientes a hombres de elevada estatura parecen confirmar una vez más que las leyendas guardan verdaderos tesoros para la historia de la humanidad.

Historias contadas por los primeros europeos como el testimonio de Garcilaso, quien afirmaba haber visto momias incas de cabello rubio de una altura asombrosa, tal vez no sean solo leyendas.

Bibliografía: Destacan "Los gigantes y sus orígenes" de Louis Charpentier. "Guía de la España Mágica" y "Segunda guía de la España Mágica" de Juan Gracía Atienza.
Avatar de Usuario
Jose Vergara
Administrador del Sitio
 
Mensajes: 1042
Registrado: 26 Feb 2008, 00:50

Anterior

Volver a Arqueología e historia

¿Quién está conectado?

Usuarios navegando por este Foro: No hay usuarios registrados visitando el Foro y 1 invitado

cron