El gigante Camacho

Artículos, investigaciones y conversaciones sobre arqueología e historia.

El gigante Camacho

UNREAD_POSTpor Jose Vergara » 30 Nov 2008, 19:31

Fuente: Opinión

El verbo quechua “Jaihuay” corresponde en castellano a los sinónimos de “dar”, “otorgar”, “conceder”. “Jaihuayco” sería entonces una especie de participio verbal de cualquiera de tales sinónimos traducidos al quechua.

La historia cuenta que los viajeros de Cochabamba hacia Oruro, Tacna o Arica, tomaban a principios del Siglo XIX, el camino que entonces cruzaba la zona de “Jaihuayco”, llamada así porque en esa región eran despedidos con el regalo de comidas y vasos de chicha quienes partían. El “jaihuayco” era una ceremonia triste. Ceremonia acompañada por los dolientes y suaves acordes de algún “yaraví” que modulaba con cruel persistencia alguna banda de músicos criollos.

Por allí cruzó también Goyeneche, -aquel brutal capitán- que con sus huestes españolas diezmó en La Coronilla a las heroicas mujeres cochabambina, durante la trágica gesta descrita por Nataniel Aguirre en “Juan de la Rosa”.

Pero, al correr del tiempo y cuando el camino troncal a Oruro tomó otro rumbo, la región de “Jaihuayco” tornóse en una especie de gigantesco laboratorio de ladrillos y tejas que hasta hoy abastece a las construcciones de ciertos sectores de la ciudad.

En aquella región de “Jaihuayco” apareció durante los primeros años del Siglo XX (1915-1930) el gigante cochabambino Manuel Camacho, prodigioso ser humano de dos metros treinta y tres centímetros de estatura.

Tal aparición fue la noticia que sacudió a la aldea y como el gigante resultara dueño de una tejería de aquella zona, fue visitado por enjambres de personas que iban a pie, caballo y coche. Hasta hubo señoritas que -enajenadas exhibicionistas- y perdido el natural recato de la época, hacíanse fotografiar sentadas sobre los descomunales hombros del fenómeno...

En aquellos días, vivían en Cochabamba varios jóvenes reputados como valores de la fuerza física y la atlética postura. Ellos eran Germán López, José Gabriel Vargas, Miguel Seleme, Luis Ramos y otros; los que una tarde visitaron al gigante para transmitirle el desafío que le fuera lanzado por un luchador polaco, recién llegado a Cochabamba, con el nombre de Iván Petrovic.

Junto a tal grupo de jóvenes se encontraba también el culto galeno, en esos días recién “recibido” Dr. Carlos Araníbar Orosco -hoy patricio de la ciudad- quien había de hacer al gigante Manuel una revisión médica.

Manuel Camacho era verdaderamente un gigante. Acromegálico, según las apreciaciones científicas del joven Dr. Araníbar, era dueño de brazos largos, piernas delgadas, fuerza muscular interior a su volumen y un peso que oscilaba entre los ciento setenta y los ciento ochenta kilos, la cara larga y angulosa, cetrina, era la típica del ejemplar aborigen quechua.

Convencido Camacho luego de largas monsergas, aceptó el reto de Iván Petrovic, quien, por su parte, era un portento de vigor, capaz de doblar barras de hierro contra su cabeza y hundir largos clavos en tablones de una pulgada de espesor, golpeándolos simplemente con la mano desnuda.

Anécdota
Llegó el día señalado para el encuentro que habría de producirse en el “Teatro Achá”. Un joven aficionado al deporte llamado Armando Montenegro, fue nombrado árbitro de la lucha. El teatro estaba colmado de una aullante y agresiva multitud. Comenzó el combate decretando un silencio total en la audiencia. Camacho trataba de acostarse sobre Petrovic y vencerlo así con la gravitación de su peso. Y Petrovic de colocar sobre su enemigo, tantas llaves romanas como si Camacho fuera una crujiente y vieja cerradura. En cierto momento del combate y desde la supina posición a que lo sometía la habilidad del científico Iván, el gigante musitaba en idioma quechua frases con las que pretendía ganar la parcialidad del juez y decía:

¡Atatay! Nanachihuaskan kay supay gringo, kacharichiuay... (este gringo del diablo, me hace doler. Dile que me suelte... N. del E)

Mientras que sus nublados ojos, daban curso a lágrimas que como enormes bolas de cristal rebotaban en el suelo.

Ese joven Armando Montenegro, árbitro de la lucha y autor de estas líneas, narraba el final del encuentro así: “...Iván Petrovic considerándose ya el vencedor y ajeno al lenguaje autóctono de Camacho, desconfiaba, sin embargo, y me miraba con ojos asesinos. Su triunfo era justo, pero las agresivas manifestaciones del público que clamaba por la victoria de su paladín y heroico paisano, eran amenazadoras...”

“Mi situación de juez imparcial se hizo difícil. Sonó la campana finalizando el encuentro. En ese instante los dos luchadores conformaban un extraño cuadro ecuestre, porque el polaco hallábase montado sobre el gigante como sobre un caballo “percherón”.

“Con pleno conocimiento de mi falsía declaré “empatado” el combate. Y mientras que el público prorrumpía en frenéticos aplausos, el enfurecido Iván aplaudió también, pero mediante un estupendo y sonoro sopapo contra mi mejilla, sopapo que no olvidaré nunca...”

Hoy, los dos luchadores de entonces, están muertos ya. El esqueleto del gigante Camacho, se halla expuesto en un importante museo del mundo casi como el de un monstruo antediluviano y el polaco Iván Petrovic rindió la vida al defender su patria, cuando el empuje nazifascista de Hitler.
Avatar de Usuario
Jose Vergara
Administrador del Sitio
 
Mensajes: 1042
Registrado: 26 Feb 2008, 00:50

Volver a Arqueología e historia

¿Quién está conectado?

Usuarios navegando por este Foro: No hay usuarios registrados visitando el Foro y 1 invitado

cron